¡Feliz fin de año!

Eniola Publishing y Eniola Records LLC

Les desean un feliz fin de año 2020 en unión de sus familiares y amigos, y un 2021 con salud, paz, amor y prosperidad. Les agradecemos cada minuto que hayan dedicado a nuestras páginas sobre música y literatura. Prometemos hacerles llegar más temas de interés y con mayor calidad el próximo año.

¡Bendiciones!

Equipo de Producción

 

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Una Isla en el cosmos: sus últimos relatos.

Una lectura del libro “Los últimos relatos”

Por la Dra. Ivette de los Ángeles Fuentes de la Paz.

Un espacio se vuelve imagen cuando en su nombramiento va ligada una emoción. Ya no será nunca el mismo espacio vivido cuando su remembranza va tamizada por esa emoción que se torna, como sentimiento estético, expresión sensiblemente significante, que le sella como único. Es así como la remembranza del espacio-Isla siempre comporta una motivación latente como el corazón de quien la convoca.

Ahora es esta Isla, Cuba, asida al cosmos en su indistinción, sujeto omnisciente casi adivinado, la que aparece en versos del poeta –también narrador, músico, compositor, profesor y productor- Reynaldo Fernández Pavón, para desde una distancia que se vuelve parte de una historia personal, hacerse cosmogonía. En Los últimos relatos (Eniola Publishing, 2020, edición bilingüe, prólogo de Enrique Patterson), se vuelve a diseñar al compás de imágenes sacadas del recuerdo, un espacio configurado que crece al unísono que la lectura.

El tópico del paisaje natural es asunto consustancial a la poesía cubana, en lo que el investigador y poeta cubano Virgilio López Lemus llamara “el canto a la naturaleza cubana”, que no es más que el establecimiento de una simpatía para trasladar, en una metáfora, la cualidad natural de la poesía. Si bien aquellas primeras descripciones -así como fuera para algunos investigadores la imagen que presentara el Almirante Cristóbal Colón de las Antillas- resultan edénicas, sientan una base de apoyo para la imbricación de geografía y espiritualidad, conjunción que integra con firmeza lo físico con lo espiritual para ofrecer la cualidad de una physis cubana en la poesía, que será el habitáculo perfecto para aquellos “estados de alma” pronunciados por Cintio Vitier sobre el carácter de nuestra lírica. El gran escritor José Lezama Lima acuñaba esta simbiosis de espíritu y naturaleza en su prólogo a la Antología de la poesía cubana (1965) cuando decía que, desde los albores de nuestra historia, y así la historia de la poesía, “la imaginación y la realidad se entrelazan”, para borrar “los confines entre la fabulación y lo inmediato”. El desdibujo entre esa fabulación e inmediatez de lo descrito, es decir, la indistinción entre sujeto físico e imagen, es lo que fija el terreno para un concepto de insularidad que luego de tantas maneras situarían su punto focal como mito.

Esta mirada a la naturaleza cubana de la que parte la idea de la insularidad, se emparienta con aquella visión maravillada del Almirante -así como fuera la de José Martí, entre otros visores- concebida como entretejido entre la imaginación y la realidad, urdimbre que, enriquecida por la imagen poética, será índice de notoriedad y esplendor de una naturaleza cuya utopía supera su cualidad mítica para ser una verdadera ontología que traduce una hermenéutica propia. La imbricación de la naturaleza cubana, prevista desde los cimientos de la historia de la Isla de un modo poético al participar en ella -ya hemos dicho- el elemento amplificador de la imagen aprehendida, es un referente que participa también en la determinación de la insularidad y las expresiones literarias referidas a ella.

Nos asombra y llena de regocijo ver cómo el linaje de esta physis sublimada por la metáfora poética, se ensancha y toma nuevos matices llenos de modernidad –semántica propia, terminología de audaces vuelos siempre ligada a la naturaleza volatizada en espíritu- y a la vez plena de elementos culturales y de enlaces con una tradición épica, en el libro que Fernández Pavón nos regala, y que en saltos que sortean temporalidades, se acerca a aquellas voces de Manuel de Zequeira y Arango, Manuel Justo de Rubalcava, Ramón de Palma, José María Heredia, hasta los también románticos Juan Clemente Zenea y Luisa Pérez de Zambrana, en donde el paisaje se fusionó al alma que resuena. Sin embargo, queremos situar el punto de esta espléndida parábola -que, por supuesto, en su movimiento expande y convierte la visión del mito-Isla en formas expresivas estéticamente diversas- en el tan olvidado Cuba: poema mitológico (1854) de Joaquín Lorenzo Luaces, que aunque vía de expresión “fantasiosa” –al criterio del autor- en el mito y la parodia épica, bucea en los márgenes insulares para buscar un ser nacional más allá de cualquier esteticismo que caracterizara su verso, asunto, por demás, que en una u otra forma, aparece enlazado a la visión mítica de la Isla y a la descripción y representación de los valores insulares, y que en la obra de Fernández Pavón alcanza especial lustre.

Esta particularidad de construcción memoriosa de una nueva “arquitectura espiritual” –al decir de Juan Ramón Jiménez- a partir de un “estado de alma” que eleva los recuerdos, hechos, valoraciones, concepción de una Isla incorporada a la imaginería del poeta, se sustenta en la intención de develar una propia cosmogonía que si bien no se concibe con la particular fantasía épica de Luaces, sí se comparte en ese calidoscopio que de igual modo fantasioso y preso de tantos sentimientos agolpados, se dan como últimos relatos de una Isla recompuesta y recreada, escapada de una fijeza que la impulsa a impregnarse de tantísima universalidad.

Para Fernández Pavón, el diseño de su remembranza delinea un nuevo cancionero apoyado en un epos que le regala la historia. Así se van dando los pasos que han de caminar la epopeya: “Cantares”, “Iluminaciones”, “El verso continuo”, “El retorno del ocaso”, y “Versos de la siega”, recuerdan paso tras paso el mismo camino ya transitado y ahora evocado como poiesis.

Los últimos relatos
Los últimos relatos

La primera invocación es el proemio de un largo viaje: “Revela los cantares de tu origen. / Háblales en lenguas, / cuéntales de la ola de secuestros / y muéstrales las huellas del tráfico incesante; […]”. La epopeya iniciada con el germen del viaje continúa en huellas que se vuelven palabras: “Un día sin avisos, / escribieron el mensaje color ámbar /— como los presagios—, / lo lanzaron a la mar y la corriente lo llevó / (a la orilla planetaria, /donde se había recibido el don de las visiones / y de una oleada, arremetió contra los hechos del devenir”. Es entonces que nos percatamos –como aquel legendario Altazor huidobriano- que la historia del hombre se ha conjuntado con sus palabras, y que la tierra soñada, evocada, es el nuevo paradigma en que se convierte el dolor de los que extrañan:

 

Cuentan, los que lo vieron, que las palabras, al estallar,

se tornaron paradigmas

y tu dolor se transformó en la música de las almas,

para dar a luz al espíritu de la dualidad,

allende las rebeliones de los cielos,

[…]

Las cosmogonías, que comienzan con la luz, se abren cuando sus compuertas las invocan, sin miedo, a iluminar las tinieblas, “-Nos hemos adaptado a las tinieblas porque de ellas es la luz…”-dice el poeta- y así intenta apresar las palabras, hechas utopías, para recomponer su Isla en el nuevo mito que otorga la memoria:

Los relatos han concluido,

las utopías viajan a la deriva.

Habremos de presenciar el final de esta era

en la luz que no vemos

En este nuevo poema-mitológico, se advierten señas discontinuas de esas utopías que en palabras viaja “a la deriva”, por eso no sorprende que en “Iluminaciones”, sepa el creador fundir el alma de las cosas para trazar el “mapa de la transfiguración”, su anima mundi. Para ello, “Hay que amanecerse, / beber café con sol mientras el mundo despierta.”, requisito dispuesto para que el “viaje a la inmortalidad (continúe)”. Aferrado a las imágenes y a las circunvalaciones de los términos, en este viaje al nuevo sol reinventado, “el verso continúa” testimoniando la vida pasada que se arma en el kosmos luego de desligarse en antiguo caos ya imantado. El nuevo mundo, el mundo-música pitagoriano cuyos acordes sentimos en esta epopeya, particulariza sus tonos –sus palabras- para hacernos llevadera la entrada, conocida la aritmética de un orden figurado:

Mis ojos han visto

la luz de la armonía bitonal,

los tonos dorados del otoño,

el arlequín que se ríe de sí mismo

y las torres donde se inició este sistema,

y han regresado al sitio

donde el laúd, los tambores y las claves,

se acuestan para seguir contando historias;

mientras, un verso convertido en costumbre,

me pregunta:

—¿Dónde se confundieron los caminos?

Y en medio del añorado tono justo, agrede disonante el ritmo pretérito que aún confunde:

Esgrimiendo consignas de todos los designios

anunciaron el fin de la prehistoria.

El encarnado se tornó en creencia.

Hubo que mostrar fidelidad a sus revelaciones.

Castrándose, castrando.

Sometidos, sometiendo.

Repetidos, repitiendo.

Desplazados, aplaudiendo.

            Debemos insistir en un concepto que con fuerza destaca en estos relatos –bien exacta tal definición de estos poemas-fabulados- y es aquel tan sensorial de San Agustín cuando hablaba del “lago de la memoria” que es el mismo que el sufismo contempla como “almacén de la memoria” y que marca un cronotopo en la fusión de una idea temporal como lugar, y que ha sido tan bien fijada por la poética del espacio –estudiada con prolijidad por el filósofo francés Gaston Bachelard- y que reencontramos como sustrato en este poemario. La imaginación que configura esta realidad como “otra”, la del poeta, es lo que sitúa la mirada ajena en un punto superior a la realidad física como polo elevado de una metáfora que se moverá a un rango de sugerencia aún mayor desde ese plano fijado en una suprarrealidad, el único que posibilitará el aviso poético de lo descrito. La alteridad que ofrece el espacio, desconocido por ajeno a la realidad inmediata, obliga a una voluntad de imaginación que va más allá del mero proceso de descripción realista, en esa matización fabulada de una historia que fija un nuevo espacio como mito. Sobre tal complejidad de visión, el importante investigador Paul Zamthor aporta un término que nos parece interesante al utilizar “extraneidad”, vocablo que etimológicamente proviene de “estranges” -que en francés antiguo significa “exterior”-, lo que crea un ámbito “extraño” a la vez que subyugante e imperioso de apropiación.

Es precisamente ese esfuerzo por penetrar la “extraneidad” y acercarla a los valores conocidos, es decir, reinterpretarla, lo que sitúa una base de sugerencia y metáfora tan cercana a la poesía, en el mismo espacio de génesis de nuestra historia, una historia que se nos comunica y comuniza en la mirada que la envuelve como fábula. Esta visión testimonial entroncada con la Historia y la cultura -en la que insistiría José Lezama Lima al definir su idea de la “expresión americana” junto a la idea preclara de la “imagen histórica”-, es donde el historiador Max Henríquez Ureña sitúa “el inicio de la creación literaria relacionada con la Isla”.

Es pues que nos tropezamos en este mito reinventado de una Isla, una recuperada génesis que, preñada de visitaciones a tiempos y espacios dispersos por la Historia de la Humanidad, renace como Isla-mito en los relatos de su epopeya. La distancia necesaria a la reinterpretación, incorporados tanto los elementos reales, los fantasiosos, los imaginados, así como los asidos a reelaboraciones de ancestrales mitos y reseñas históricas, es la “mágica distancia” (nos diría esa profeta amiga, la poeta y pintora Cleva Solís) para conformar la “geografía del pacto en la memoria”, desde la cual, reunidos bajo el fuego de la llama, el primer hogar, surge la protohistoria. Así nos dice el autor en sus “Versos de la siega”: “Nacidos de un proto pueblo / las visiones danzan el adagio de lo ignoto, / imágenes que dan paso a toda forma”. Y, como en toda epopeya, más allá del tiempo inmediato, de las palabras que hoy recuerdan, aparece el balbuceo de lo que fuera el caos de una memoria en cada murmullo que se escapa de los tiempos. Para el final de los relatos, será que “Una corona cruza las fronteras. / Se escucha el trotar de sus jinetes/ como antes de estos tiempos.”

El paladeo con que el poeta Reynaldo Fernández Pavón cruza con fiereza la memoria, nos inspira. Los límites del mundo se ensanchan porque no estamos en presencia de un relato lineal, sino de aquel que interpreta las tangencias abruptas y sorpresivas del tiempo. La Isla no es solamente voz insular, sino espacio hechizado que pertenece a todos, regalado a todos por un contemporáneo que por breve instante se ha situado fuera del eje que hace girar la “extraneidad” de los mundos. Y es esa extrañeza que surge de su intención demiúrgica, la que nos atrapa y enreda, porque en el fondo, quisiéramos entrar en esta Isla-otra que se ha arraigado al universo como el verso de un poema-mitológico.

Y estaría bien que nunca se perdiera el ímpetu de la honda que ensancha un margen que nos alcanza, porque en algún recodo de sus aguas quedamos, protegidos y hermanados, pensando que juntos estaremos alguna vez, sentados junto al fuego, soñando el mismo sueño, escuchando sus últimos relatos.

Ivette de los Ángeles Fuentes de la Paz.

Doctora en Ciencias Filológicas (1993) Universidad de La Habana y Doctora en Literatura, (2018) Universidad de Salamanca. Labora actualmente como investigadora titular en el Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Portuondo”, en La Habana. Directora del Centro de Estudios Arquidiocesano de La Habana (CEAH) y de su revista Vivarium.

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La poesía como experiencia humana

Por  Enrique Patterson

En “Los Últimos Relatos” el poeta, novelista, dramaturgo y compositor Reynaldo Fernández Pavón nos entrega una obra que creo, culmina un largo desarrollo tanto de su concepción de la poesía como de la experiencia humana vista en dimensión cósmica e histórica.

Los últimos relatos
Los últimos relatos

En la buena poesía escrita en El Caribe,  el condicionante de la insularidad, a menudo conduce al regodeo del espacio limitado que es todo paisaje, como de la específica experiencia íntima o social que propician las islas. Sin embargo, es también en El Caribe donde a veces aparecen esos grandes chispazos poéticos que lanzan la poesía hacia el más allá de los temas propicios de su condición geográfica o política, para conducirla hacia visiones cósmicas; intentos poéticos de trascender la dimensión limitada de una experiencia que la cartografía o la historia condicionan. Pienso en Saint J. Perse, Gastón Baquero, José Lezama Lima, Aimé Césaire. Es en esa vertiente en la que ubicaría a “Los Últimos Relatos”.

             El poeta no abandona sus temas anteriores; a saber: la relación del individuo y la historia, las migraciones marítimas forzosas que en la poesía cubana son casi un leiv motif en los poetas afrodescendientes y -dada la experiencia histórica posterior- en la poesía en general; así como el amor en tanto que experiencia salvadora o agónica. Lo novedoso en el poemario es la ausencia de una particular locación geográfica o histórica para proponernos una historia o experiencia otra, la del cosmos, donde la historia humana no es más que la expresión y, acaso, un pequeño capítulo de una gran teodicea.

            No cabe dudas de que, con este libro, el poeta se propone llevar la poesía a sus orígenes, donde se confundían el poeta y el profeta, el historiador y el fabulista, el poema cosmológico con el texto sagrado, la mitología con la ontología.

            El dialogo no es con nosotros, es con esa entidad que el poeta ve solo desde los lentes de su poética y que le permite brindarnos “Los Últimos Relatos”, de una era que, al parecer termina. Pero este recorrido cósmico, se presenta como también estilístico, aunando así el tono solemne de los antiguos poemas épico-cosmológicos, la exaltación del romanticismo, la profundidad de la poesía ético-filosófica, el conceptualismo del barroco y la percepción de los simbolistas, en el marco de la poesía conversacional.

            Todo el poema es una conversación con un ser otro donde el poeta se presenta como receptor de un saber-otro que, por haberlo alcanzado, le permite cerrar la experiencia de una historia del hombre y el mundo.  “Los Últimos Relatos” ubican al poeta también en un más allá, donde habitan los dioses de la alta poesía.

            Enrique Patterson, se graduó de Licenciatura en Lenguas y Literatura en 1977, especializado en Estudios Cubanos y en Historia del Pensamiento Filosófico, ejerció como Profesor de Historia de la Filosofía en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de la Habana. El profesor Patterson es un reconocido ensayista y crítico literario.

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Entrevista con el diseñador de Eniola Media Gerardo Velazco

Eniola Media News, 21 de mayo del 2020

En contadas publicaciones y artículos de prensa se hace referencia a la importancia que tienen para la obra literaria y los productos artísticos en general los oficios de editor y diseñador. Cuarenta años después de la publicación de Cruzando Mares,  mi primer libro, he  aprendido que un editor y un diseñador profesional tienen  un nivel muy alto de importancia para los creadores, a tal punto que un manuscrito de pocas luces, en manos de un editor y un diseñador profesional puede convertirse en una obra literaria, y una obra literaria en manos de un editor y un diseñador que no asuman su trabajo con el compromiso requerido, puede llegar a nuestras manos como una obra menor.

En el 2005, cuando comenzaba a grabar mi disco Vuela en Miami, contacté a Gerardo Velazco para que me asistiera en la salida al mercado de dicho Álbum. Gerardo entonces realizó un proyecto con una visión sistémica del diseño que incluyó desde la concepción de las fotos hasta los files para la venta y promoción del CD. Su profesionalismo fue tal que la primera tirada del disco Vuela se agotó en unos meses a pesar de no estar en el catálogo de las discográficas vinculadas a la industria de la música.

Gerardo colaboró en la edición del  video de la canción Mi Dulce Niña que realizamos para  Youtube,  con muy pocos recursos y un derroche de creatividad. Desde entonces, en conjunto con la empresa Eniola Records, Gerardo ha forjado una línea de diseño que incluye la promoción del producto destinada a las redes sociales y a la distribución en canales de venta tales como Amazon® y asumió la realización gráfica y la creación de la imagen publicitaria de los libros publicados por Eniola Publishing, una editorial joven que ha resultado ser una alternativa de publicación para escritores que no tienen vía de acceso a editoriales  “mainstream”. En esta entrevista presentamos algunos  de sus diseños.

EniolaPublishing.com y EniolaRecords.com web-sites culturales, interactivos, diseñados en plataforma WordPress que les invitamos a visitar por su excelencia en relación a la publicación de artículos, entrevistas, videos y notas de prensa.

Ambos sitios web fueron diseñados por Gerardo para Eniola Media y son manejados por su servidor, un productor independiente.

Así que recomendamos a aquellos que buscan hechos culturales  -generalmente ausentes en las redes sociales- visitar nuestras páginas web y compartir sus opiniones.

A continuación ponemos a disposición de nuestros lectores la entrevista que sostuvimos con este diseñador.

¿Qué aspectos debe tener en cuenta un artista gráfico respecto a la tecnología actual y los retos que demanda la publicación contemporánea?

Gerardo: Irónicamente el concepto “viral” ha sido la plataforma para llevar a la luz obras de aquellos que no cuentan con los recursos para ser impulsados por las compañías establecidas que comercializan el producto artístico y literario. El artista gráfico debe crear un producto que tenga un carácter atractivo y a la vez, que sea capaz de iniciar la chispa que lo lleve a los medios que integran el sistema. El reto es seguir ofreciendo respaldo al producto hasta que su propagación se torne orgánica; o por decir de otra manera, virulenta. En otras palabras, el artista grafico debe estimular el amor a primera vista del producto, y facilitar mecanismos para que la obra interactúe en el mercado publicitario y en la red global de internet hoy día.

¿Cómo te iniciaste en la realización gráfica?

Gerardo: Tomé cursos de diseño de páginas web, y multimedia, en la época en que MySpace y AOL estaban de moda. A partir de entonces, colaboré con varias publicaciones y fui puliendo así mis destrezas; aunque nunca pensé asumirlo en términos de comercialización de servicios gráficos. Me ha enorgullecido colaborar con creadores, y amigos, que han necesitado apoyo para lanzar sus obras maestras.

¿Cómo logras crear diseños que respondan a los contenidos de las obras?

Gerardo: La experiencia me ha ayudado a poder plasmar, en esencia, lo que el autor quiere enmarcar sobre su obra maestra. – Explíqueme de que trata su obra si solo tuviese siete segundos para describirla – es lo que generalmente pregunto al autor para poder desarrollar el concepto gráfico.

¿Qué importancia le das al diseño gráfico en relación con el producto artístico, literario y el hecho comercial?

Gerardo: Además del hecho estético del producto, concedo importancia a captar el mensaje del autor; con el cual vamos a llamar la atención de aquellos afines al tópico de la publicación. Pienso que la meta del buen diseñador gráfico debe ser enviar una señal que se va al subconsciente del espectador, para despertar una necesidad interna de poseer el producto –esto es lo que estabas buscando adquiérelo ya-.  En mis diseños también se busca respaldar un dicho que versa: “una imagen funciona, en ocasiones, más que las palabras” en términos publicitarios y comerciales”.

 

Los servicios de Gerardo Velazco están disponibles a través de Eniola Publishing y de Eniola Records que proveen décadas de experiencia en la producción, edición, venta y mercadeo, de los géneros literarios y de los productos artístico-musicales. EniolaRecords.com y EniolaPublishing.com también dispone de un catálogo de obras para el público interesado en las publicaciones literarias.

Para más información visiten eniolapublishing.com y eniolarecords.com

Esperamos sus opiniones. Escriba su mensaje en nuestra página de contacto.

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La Soledad Histórica y otros ensayos – ¡Pronto!

La Soledad Histórica y otros ensayos

 

Eniola Publishing propone a los lectores un libro que trata de temas fundacionales, “La Soledad Histórica y otros ensayos” del profesor Enrique Patterson.  Una obra audaz, conversado en voz alta, a contracorriente de la historiografía republicana primero, y la castrista después.

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Regocijo del criterio por Manuel Gayol Mecías

Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.

Jorge Luis Borges

Solo se puede leer para iluminarse a uno mismo: no es posible encender la vela que ilumine a nadie más.

Harold Bloom: Cómo leer y por qué

La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Mario Vargas Llosa: Elogio de la lectura y la ficción

La crítica es el ejercicio del criterio: destruye los ídolos falsos, pero conserva en todo su fulgor a los dioses verdaderos.

José Martí

    Una verdad lapidaria es esa que Jorge Luis Borges nos enseña en relación con la lectura, y es que esta es formativa (aunque también deformante). En su caso específico, queda claro que sin la lectura no se puede escribir y, mucho menos, andar en la vida. Pero debemos saber lo que leemos y, al mismo tiempo, necesitamos saber cómo andamos por este mundo tan complejo, en el que, cada vez, se necesita conocer más, pensar mejor y ampliar la cosmovisión cultural. Y es que no solo necesitamos la información periodística, sino además la información profesional de los libros y la sensibilidad auténtica del pensamiento, en todas las disciplinas, así como del arte y la literatura.
En efecto, se trata de caminar bien, leer bien para escribir bien, porque si no, nos vamos hacia un despeñadero, al que nos conduce un pésimo tipo de lectura. Aun cuando alguien esté alejado de la creación literaria, leer bien (es decir, entrar en las inquietudes gráficas de los valores) es el sendero hacia una cultura que nos provoque el ánimo de que siempre vamos a encontrar algo nuevo.
Por ello, para evitar la “deformación”, cuando leemos lo hacemos de una manera muy individual; lo que nos hace estar en el mundo, pero al mismo tiempo vamos siendo diferentes. Y esto es muy importante, porque la diferencia es parte de la creatividad de cada uno, es el hecho de hacernos creativos debido, en parte, a que en realidad debemos sentirnos distintos, para en realidad estar unidos como seres pensantes.
De aquí que Harold Bloom nos haga saber, por su parte, como si fuera una primera ley de la literatura, que leer es una de las formas de reafirmarse (reconsiderarse uno mismo) como ser humano. Solo podemos hacer que otro encienda su cirio cuando escribimos, para que entonces ese alguien pueda encender su vela con su propia lectura de lo que le decimos.
Asimismo, cuando leemos, debemos estar conscientes de qué cosa leemos, por qué y para qué leemos (evitando el riesgo de la “deformación”). Así proyectamos nuestra interpretación escrita como una nueva lectura en busca de un lector.
Es entonces cuando Vargas Llosa nos previene de que la buena literatura no solo es aquella que crea una gran fraternidad entre la diversidad humana, sino la que nos saca de… o, al menos, nos hace reconocer “la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez”. Y esto es lo que he tratado en este libro, de crear un corpus de diez interpretaciones dramativas, de dramas disímiles en géneros, temas y estilos que puedan inducir al lector no solo a buscar las obras presentadas por su alta calidad formal, sino también por sus importantes contenidos: nuevos y esenciales en sus problemáticas de lo contemporáneamente cubano; es decir, mi intento por sacar a la luz las visiones de diez creadores cubanos (por orden alfabético de nombres: Amanda Rosa Pérez Morales, Amir Valle, Armando Añel, Carmen Alea Paz, Guillermo Vidal, Ivette Fuentes de la Paz, José Latour, Julio Benítez y Reynaldo Fernández Pavón) que se basan en valores universales para mantener viva la llama de lo que ha sido la realidad de la Isla en estos 61 años de “Revolución” (y de, hecho, salir de la “ignorancia”, las “ideologías” y la “estupidez”).

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En otro sentido, estas razones asimismo intentan el entusiasmo por la difusión de una narrativa y una pieza teatral de profundas ideas, haciendo que por la calidad de estas obras analizadas se justifique sobradamente la complicidad con los autores. Una conspiración invisible con la audacia de apostar por unos textos que nos permitan el regocijo del criterio; en otras palabras, un juicio gustoso, iluminado por diversos valores universales.
Aquí la complicidad viene a ser entre el crítico y el autor analizado; es la trama que ha propuesto ese escritor para que no solo sea leída, a su manera, con simpleza, sino además para que exista ese otro alguien —en este caso el crítico— haciendo su papel de lector experimentado que resalte los méritos que encontró en esa obra dada, y así sirva de acicate para que otros lectores la busquen. Ello es, de alguna manera, el estímulo al que aspira todo creador, y a lo que asimismo este crítico cómplice contribuye y, de hecho, encuentra el goce, la sensibilidad y la inteligencia.
Pero al mismo tiempo esa complicidad —entre el analista o el intérprete crítico y el narrador— necesita de manera imprescindible de ese tercer participante que eres tú, amigo lector, como lado último que cierra el triángulo (creativo) del enriquecimiento.
Debido a ello, el crítico es un intermediario, una especie de comunicador privilegiado, que dice su opinión, como un resplandor que intenta propiciar la lectura, aun cuando el lector sagaz no tenga, en mucho o en nada, que sucumbir ante los criterios a la hora de recurrir a su propia lectura de la obra.
Siempre que el crítico logre llamar tu atención y llevarte a la consulta directa del texto en cuestión, ya cumple así con su misión, en este caso, de garantía, de crédito, de apoyo. Fábulas, historias y anécdotas que te descubrirán nuevas relaciones con el mundo físico y el mundo de los sueños. Es ese afán de comparar y hurgar en lo que otros escriben; de decir además que, entre tantas cosas, la vida está también hecha de críticas eminentemente felices.

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De modo que el hecho de valorar, de establecer criterios, viene a ser, entre tantas cosas, un sentimiento de regocijo, porque coinciden en mí el análisis lógico, el intuitivo y el gusto. Y es que el acto con que se manifiesta la alegría de concebir el criterio es el hecho de leer algo, pensarlo, comprenderlo y escribir las ideas que provienen de lo leído.
Tanto el acto del análisis racional como el intuitivo me permiten llegar a una segunda y más profunda realidad, al menos desde mi perspectiva individual; y sentirme de esa manera partícipe de la creación leída. Develar un mundo otro en el que yo siento mi contribución, como camino de acercamiento, a esa realidad original que presenta un autor. Y aun cuando el criterio sobre algo puede ser infinito o, incluso, limitado, el aporte podría constituirse en sustancial para otro lector. Y es esa esperanza también (desarrollada en el análisis y en la opinión), de abrir una nueva vertiente de comprensión, lo que termina creando el sentimiento de regocijo en el crítico.
En este caso, diez creadores, diez maneras de buscar acercarnos a la realidad cubana, es lo que espero pueda constituirse asimismo en una llamada —aunque breve— de atención sobre algunos nuevos escritores y nuevos temas de la literatura y el teatro cubanos contemporáneos.

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Por último, quiero reconocer como verdad indiscutible, eso que expresó José Martí de que “la crítica es el ejercicio del criterio: destruye los ídolos falsos, pero conserva en todo su fulgor a los dioses verdaderos”. Crítica es, de hecho, pensamiento enfocado en la demostración de algo, mediante el análisis y la espontaneidad, de manera racional e intuitiva, una y otra, respectivamente; pero también es pensamiento pendular cuando se trata de un extremo armónico (que reconoce, pero asimismo rechaza) o su contrario, el antagónico, que busca la eliminación radical de los “ídolos falsos”.
Ambos tipos de conjuntos críticos: el armónico y el antagónico, por ser pensamientos que se refractan en un ángulo creativo, con su vórtice hacia un objetivo específico, necesitan de la experiencia de un ritmo intelectual: racionalidad consciente, lógica aguda, prueba convincente, o intuición automática proveniente de nuestra propia génesis; salto de gigante remoto que se sorprende a sí mismo.
Por ende, el ejercicio es pensar, función repetitiva y silogística de creación y búsqueda, de encuentro y reconocimiento. En otras palabras, para un acercamiento más simple al igual que profundo, es con exactitud el “ejercicio del criterio”.
Es mi deseo en este volumen no el hecho de eliminar “dioses falsos” porque en este caso específico no los hay, sino el de disfrutar, hasta un nivel de alborozo y placer, del resplandor de nuevos escritores que, de diferentes maneras, iluminan el camino del drama cubano.

Manuel Gayol Mecías. Poeta, narrador, ensayista, crítico literario y periodista cubano.
Fue investigador en el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas. Ha obtenido importantes premios literarios en Cuba y en EE.UU. Ha publicado numerosos libros, entre los que figuran La penumbra de Dios (ensayos), Ojos de Godo rojo (novela) y La noche del Gran Godo (cuentos). Miembro del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio y de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio, presidente de su filial de California. Asimismo, es vicepresidente de Vista Larga Foundation y dirige la revista Palabra Abierta y su editorial homónima.

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LORENZO O EL ÁNGEL DE LA LOMA

Yvette Vian Altarriba

A Lawrence García, el Charrito, en su 70 cumpleaños.

30 de Abril, 2013

La Habana

Había una vez un niño de nombre Lorenzo, que había nacido en la Loma del Ángel.  Lo vestían con pantalones ¨bombaches¨ (inflados y rizados en las rodillas). Cuando salía  a jugar, su mamá le advertía:

    – No te vayas lejos, mijito, juega donde yo te vea –y siempre le ponía una gorrita azul, de pelotero, para que no se confundiera con ningún otro Lorenzo.

   Pero un día el niño perdió su gorra (¿fue el viento marino, ese perverso se la voló?) 

   Buscándola  por el  barrio, sin darse cuenta Lorenzo  se metió en el laberinto de las calles, callejuelas  y callejones de adoquines, subiendo, bajando, doblando esquinas… hasta que  fue a parar tan lejos, tan lejos  que nunca pudo encontrar  su gorrita. Y  en eso, también  perdió el camino de regreso.

De manera que cuando me lo presentaron, Lorenzo era un viejito con pantalones bombaches y un sombrerón mexicano. Al cabo de las buenas tardes y los mucho gusto y el qué tal de viaje, me preguntó:

    – ¿Tú te vas o  te quedas?

    – Yo ni voy ni vengo, yo,  sin ton  ni son estoy, yo soy…    – le dije como cantando.

    – De la Loma del Ángel —afirmó  Lorenzo, y se le encendieron un montón de lucecitas por todo el cuerpo.

    – ¿Cómo tú lo sabes? — pregunté yo.

     – No sé, no sé, es que, digo, es un decir,  sentí un pálpito, un  aquel, no sé por qué pero lo sé… — murmuró Lorenzo. Y se le aguaban los ojos mientras  se quitaba y se ponía y se volvía a quitar el sombrerón, como disimulando (¿el miedo o la   emoción?).

     – ¿Y ahora  qué?    – volvió a preguntarme.

     – ¿Qué de qué?

      – ¿Te vas o te quedas?

     – Vuelvo a la Loma del Ángel – dije yo.

     – ¡Ah, cuando llegues, búscame!    – exclamó Lorenzo y empezó a sonarle un montón de campanillas desde  la cabeza a los pies.

      – Eh, pero eso no es fácil, me confundiré… allí hay más viejos que personas… allá en La Loma casi todos son  viejecitos como tú… entonces ¿cómo voy a reconocerte, eh?

      – Ah, verás, soy el  que tiene  puesta una gorrita  azul, de pelotero    – ¡Búscame en La Loma del Ángel! — dijo.

                         **********

De regreso, estuve averiguando entre los varones  con  terceras, cuartas y hasta quintas edades  (es decir, casi toda  la población de La Loma).

     Y, efectivamente,  encontré alrededor de mil  viejitos de nombre Lorenzo (claro, a algunos les decían  Loren, Lorencito, Lolo). Todos usaban gorritas, pero tan desbaratadas y descoloridas, tan rotas, sucias y despellejadas que me resultaba imposible adivinar el color que tuvieron; ni siquiera imaginar si habían sido gorras de pelotero, de ferroviario, de policía o de aviador.

    Entonces fui hasta el malecón y me senté en el muro a escribirle un mensaje a Lorenzo:

    TE BUSQUÉ Y NO HE PODIDO ENCONTRARTE. ¿DÓNDE ESTÁS AHORA?

    Respuesta de Lorenzo:  

    NO SÉ, SI NO ESTOY ALLÁ TAMPOCO ESTOY AQUÍ.

                                   ************

Me quedé contemplando cómo el sol se hundía en el agua y pintaba el aire con colores de oro. Repentinamente cayó la noche y apareció una lucecita atravesando el cielo… ¿Será un sputnik o una nave alienígena?, me pregunté. Pero era una estrella; pensé que sería una fugaz, que estaba cayéndose, que desaparecería… sin embargo, aquella cosa rutilante se paró en La Loma del Ángel.

   Rápidamente me bajé del muro y subí corriendo como loco. Cuando llegué arriba, las puertas de la iglesia estaban abiertas de par en par.

   Entré y vi que en ese momento bautizaban a un niño con pantalones bombaches; él se inclinaba para recibir el agua bendita. Entonces, se acercó la madre y    – aunque el niño tenía la cabeza mojada- le puso una gorrita azul de pelotero (que parecía nueva) y tomándolo de la mano, salieron.

    Yo  me acerqué a la pila bautismal y pregunté:

     – ¿Padre, qué nombre le pusieron a ese niño, el de la gorrita?

     – Lorenzo — contestó el cura.

En el siguiente mensaje a mi amigo, el texto decía:

    YES. TE ENCONTRÉ EN LA LOMA DEL ÁNGEL.

    Respuesta de Lorenzo:

    AL FIN. GRACIAS, MY FRIEND.

Ivette Vian Altarriba. Narradora, poeta, periodista y guionista de televisión. Licenciada en Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Natural de la ciudad de Santiago de Cuba. Creadora del popular espacio infantil de televisión cubana La Sombrilla Amarilla. Autora de una reconocida obra para niños.

Tiene en su haber la publicación de:

  Como te iba diciendo, La Habana: Universidad de la Habana, 1977, Premio 13 de marzo, 1977.

    Mi amigo Muk Kum, La Habana: Editorial Gente Nueva, 1989, Premio La Rosa Blanca 1989.

     La Marcolina, La Habana: Editorial Gente Nueva, 1987, Premio La Edad de Oro 1985.

    El telescopio de David, La Habana: Editorial Gente Nueva, 1989.

    Siete cuentinos, La Habana: Editorial Gente Nueva, 1992.

    Pinar del Río, Publicitur, 1994.

    Coco Pascua, La Habana: Editorial Gente Nueva, 1997.

    Casa en las nubes, La Habana: Ediciones Unión, 1998, Premio La Rosa Blanca 1999.

    Del abanico al zunzún, La Habana: Gente Nueva, 2001, Premio La Rosa Blanca 2001.

    Cartas a Carmina, La Habana: Editorial Gente Nueva, 2003.

    Una vieja redonda, La Habana: Ediciones Unión, 2005, Premio de la crítica literaria 2005.

    La Sombrilla Amarilla, La Habana: Editorial Gente Nueva, 2005.

    El Gato Tato, La Habana: Editorial Gente Nueva, 2005.

    La felicidad y Jardín, La Habana: Editorial Gente Nueva, 2007.

    El Cocinaito, La Habana: Ediciones Unión, 2008.

    Mis cuentos de caballos, La Habana: Editorial Gente Nueva, 2009.

    El desayuno de Paulino, Caracas: Monte Ávila; La Habana: Editorial Gente Nueva, 2011.

    Todos mis cuentos, La Habana: Editorial Gente Nueva, 2012.

    Los perros de mi vida, La Habana: Editorial Gente Nueva, 2013.

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Apuntes sobre Los versos de la memoria

Por Ivette Vian

Escritura hecha con lo que sucede en el corazón. Son palabras- espejo que reflejan al poeta.

            Fernández Pavón ha ido por la vida y el mundo diciendo lo suyo. Él necesita sacarse lo que lleva dentro, lo que descubre en el pozo de su corazón. Cuando abre su camisa frente al espejo, ¿qué ve?  No ve nada: Reynaldo escucha. Al brocal de su pecho mestizo (fondo del pozo) él se asoma y escucha que le hablan de lejos.

            Ojos dormidos. Ojos enormes. Ese señor que mira a media asta, en verdad va escribiendo el testimonio de su reino.  La mirada de Reynaldo se extravía en el metro de New York: porque nadie sabe que es la mirada de sus ojos.

            Quizás nadie lo supo nunca.

            Va escribiendo en el aire. Ese hombre que se desplaza sentado va volando y vuelan las grullas que se le salen entre huracanes de humo; grullas coronadas que aletean fuerte, molestan a los viajeros. Esas alas tan largas son de África, ecos de luz. Finalmente, la poesía –pájaro eterno de la quimera- se posa sobre un hombro de Reynaldo, clava sus garras en el abrigo demasiado grueso del isleño que va sentado en el tren de hielo.

            Nadie llega a saber nunca la poesía que oculta el corazón del prójimo. La descubre sólo algún semidiós que llora; resultan pocos los semidioses, son jóvenes, aunque sean abuelos de muchos nietos. A veces, es el que espanta de su hombro a la grulla, para que la madre se le pueda recostar a dormir.

            El largo pico de la grulla atrapará el instante de inmortalidad, mientras el poeta nace, vive, muere, renace siempre.    

            Al mismo tiempo que escribe o canta –que aparecen sus palabras-   lo veo a él, tocando un piano como si todo flotara. Siempre es de noche. Siempre es en La Habana. Su poesía es su verdad: antes de ser estaba en su corazón. 

            Esta vez, renace en la voz –ronca, latente- de Fernández Pavón. Porque cuando iba sentado en el metro de New York, él cantaba en el malecón habanero. Esa es la verdad verdadera. (¿Uso romántico de la Razón Musical? ¿Renacimiento constante del emigrado? La poesía.)

             ¿Cómo un sinsonte cantando en la nieve? 

              ¿Va ese pajarito de la tibieza en el tren de hielo…?  Es el renacimiento del ocaso.

           ————————————————-

Yvette Vian Altarriba

Escritora, poeta, periodista y guionista de televisión, publicó una veintena de libros de narrativa infantil y creó numerosas series para televisión, entre las que destaca el popular espacio infantil de televisión La Sombrilla Amarilla.

Autora de una reconocida obra para niños, en que se entremezclan imaginación, gracia, humor y fantasía, a través de un discurso de raigal cubana. Ha creado igualmente, series para la televisión con gran arraigo para el público infantil.

Licenciada en Historia del Arte en la Universidad de La Habana.

Ha publicado los libros de narrativa para niños Como te iba diciendo (Universidad de la Habana, 1977), Premio 13 de marzo 1977; La Marcolina (Gente Nueva, 1987), Premio La Edad de Oro 1985; Mi Amigo Muk Kum (Gente Nueva, 1989), Premio La Rosa Blanca 1989; Casa en las Nubes (Unión, 1998), Premio La Rosa Blanca 1999; Del Abismo al zun zún (Gente Nueva, 2001), Premio La Rosa Blanca 2001; Una Vieja Redonda (Unión, 2005), Premio de la crítica literaria 2005; La Sombrilla Amarilla (Gente Nueva, 2005); La Felicidad y Jardín (Gente Nueva, 2007); Todos mis cuentos (, 2012).

Es autora también del poemario para adultos La Ley de la Verdad (Letras Cubanas, 1979), primera mención concurso 26 de julio, 1978 y primer premio concurso XX Aniversario de la Alfabetización, 1981, y de la guía turística Pinar del Río (Publicitur, 1994).

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1959. Cuba el ser diverso y la Isla imaginada

Presentan en Miami el libro 1959. Cuba el ser diverso y la Isla imaginada

del escritor Manuel Gayol Mecías

El hecho de ser cubano es una broma muy seria, incluso es un juego profundo de identidad. Desde hace muchos años, la “cubanidad” anda desperdigada por el mundo, afectando o favoreciendo a otros lares y, al mismo tiempo, enriqueciéndose, por la aculturación y la transculturación. Pero algo que refleja todo esto, y de lo que nunca se ha hablado, es la imagen que ha desprendido el cubano a lo largo de su historia, debido a su carga psicológico-imaginativa que muchas veces ha llevado al cubano a confundir la realidad concreta: su entorno, su sociedad, la política misma con una espejidad imaginativa, a veces de profunda negatividad humana.


La intuición
Para hablar de la imaginación hay que proyectar las ideas mediante la intuición. No creo que de otra manera pueda analizarse (aun el hecho de realizar indagaciones) el mundo imaginario que rodea la dimensión profundamente psicosociológica de las personas, más específicamente un ser tan sui generis como el cubano, por la hibridez de su genética, por su traumática historia de guerras, dictaduras y corrupciones y por su complejidad egotista (racional e irracional) que se imbrica en una relación de imaginación-realidad corpórea.
En este libro se intenta entonces a través de la intuición, como discurso catalizador, obtener la posibilidad de un acercamiento a ese mundo, en ocasiones misterioso y mágico, de este caribeño insular que es el isleñis cubichi.
Espejismo versus realidad corpórea
Una lectura continuada, de años, digamos, sobre una gran diversidad de temas cubanos, nos llevaría (al menos, pienso que a mí me llevó) a darnos cuenta de que el cubano es muy imaginativo y de rapidísima chispa, pero también —en un cercano sentido a su naturaleza— es contradictorio, paradójico, incluso, y deja de ser pragmático para deslizarse entre los oropeles políticos de una imaginación nada sustentada por una realidad corpórea. Y esto es un problema tan grave que nos llevó, en los inicios de 1959, a confundir promesas, ilusiones y medias verdades con una supuesta realidad que casi nada tenía que ver con el verdadero (y físico) entorno que se estaba llevando a cabo en la Isla. De aquí que mientras los discursos del “Máximo Líder” hablaban eufóricamente de hipotéticas terribles cosas que habían sucedido en el pasado e incluso durante la guerrita librada contra el ejército batistiano, y nos daba —promesa tras promesa— grandes proyectos de futuro, en la realidad física y contextual de toda la Isla se hacían, constantemente, juicios amañados, sin garantías, se apresaban personas arbitrariamente y se fusilaban a cientos de ellas, sin ningún tipo de miramientos. Es decir, los discursos, las promesas, los proyectos eran todo un conjunto de imágenes que iban poco a poco estructurando un Espejismo gigantesco, que después se vino a conformar con cinco primeros mitos que en mi libro alcanzan —a mi modo de ver— la categoría de fundacionales:

Los mitos
—El mito de Robin Hood
—La Isla de la Utopía
—El mito bíblico de David contra Goliat
—La Isla bloqueada por el Imperio
—El mito del Invencible Comandante en Jefe

Los defectos
Indiscutiblemente que el cubano posee grandes virtudes, pero hasta ahora no he podido leer su aceptación de los defectos que tenemos, que también son unos cuantos, y que entre ellos pende —como espada de Damocles— la fácil transformación hacia un ego irracional. De mi libro extraigo entonces este fragmento:
A mi modo de ver, nuestra identidad es indefinida por algunas razones que a veces pasamos por alto, y ha sido así por lo inmerso que hemos estado en el asombro de esas virtudes que siempre nos identifican. Pero si hacemos un esfuerzo y nos salimos del álbum que colecciona las eficacias de nuestros egos, entonces es probable que encontremos el camino para un acercamiento más cabal a la realidad de saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

Los orígenes
Si estas tres preguntas pueden ser universales, en nuestro caso específico son imprescindibles, pues para contestar la primera no tenemos que pensar que venimos de otra tierra o de otro planeta, sino que debemos analizar nuestros valores genéticos. ¿De dónde venimos?, pues, venimos de una hibridez original, y, al mismo tiempo, una mezcolanza de hibridez muy diversa, digamos: españoles y nativas; españoles y negras africanas y españoles y chinas, o más tarde en el tiempo, con mucha seguridad de mulatos y chinas o chinos y mulatas; o mulatas (tos) con blancas (cos) españoles y así de diversidad en diversidad. Posteriormente, con los años, el criollo se fue fundiendo con otras razas, muchísimas razas, que se iban asentando en Cuba. Por otra parte, y hasta nuestros días, el cubano también se ha repartido arbitrariamente por el mundo y está dando nacimiento a nuevos tipos de híbridos.
Por eso, realmente, pienso —y esto lo planteo más ampliamente en el libro, cuando me propuse pensar en quiénes somos— que no tenemos una identidad definida, sino indefinida. Sería, supongo, una identidad en progreso, debido al cruzamiento tan rápido que siempre hemos tenido a causa de la aculturación (primero) que hemos hecho en otros países; a la aculturación (también primero) que han hecho los extranjeros que históricamente se han residenciado en Cuba y (después) la transculturación que tanto le ha ocurrido al cubano fuera de la Isla como a los de otros países que se han quedado a vivir en ella, en todo el proceso que va desde la Conquista, la Colonia, la República y por último la dictadura castrista.
¿Hacia dónde vamos? Pues no sabemos. Nadie puede decir ni predecir qué seremos. Hemos cambiado mucho y seguiremos cambiando. El cubano, por su indefinición, es y será un ser impredecible, como impredecible sigue siendo el estado de cosas en la Isla. Después de 60 años de dictadura, ni aun cuando se desmoronara esa satrapía castrista y castrense. Ni aun cuando se demolió el Muro de Berlín se pudo predecir lo que iba a ser el cubano.

Evolución-involución
Otro asunto que se activa en el libro es lo de la evolución del cubano: evolución en espiral que procede desde la Conquista. Claro es un proceso lento, porque es una pulsión genética que cae dentro de todo ritmo biológico mediante el tiempo; o sea, su decurso. La evolución del cubano ha ido desde la ignorancia y la incultura (habría que leerse El alma cubana, de Fernando Ortiz, uno de los grandes pilares para este libro, y también, por supuesto a Jorge Mañach y otros) hasta un desarrollo muy positivo durante todos los años de la década de 1950 y que vino a pararse en el exacto año de 1959, cuando a partir de la supuesta Revolución surgió la Involución, y la espiral se fue hacia atrás como un verdadero viaje a la semilla.

Su historia del miedo
Otro tema más en el libro es la historia del miedo en el cubano. Miedo que viene desde la Conquista, cuando los españoles pusieron a trabajar frenéticamente a los indios y también trajeron una cantidad de virus y bacterias que fueron diezmando a la población nativa y, fundamentalmente, por la brutalidad del trato que el conquistador empleó contra el nativo. Este miedo se expandió con la vida miserable de la población esclava, con el temor de los mismos colonos a una rebelión de negros. Con el miedo en las dos guerras de los mambises por la independencia: puro pánico hubo ante la Reconcentración de Valeriano Weyler; el pavor, la alarma y el susto ante las pandillas y gánsteres, y las pequeñas guerritas de la República y, por último (bueno, hasta ahora) el terror, el sobresalto, el recelo, la aprensión y desconfianza, la turbación, el desasosiego y la cobardía durante todos estos 60 años que ha sufrido el apaleado y cambiante pueblo cubano por parte de la dictadura castrista.

Paradoja de suicidio y vida
(Esto es tomado textualmente del libro)
“En mi criterio, y aun reconociendo que el atentado contra la propia vida cuenta con parte constitutiva de la herencia histórica y además por la fuerte influencia del medio, pretendo inducir la idea de que en realidad pudiera existir un elemento más en la psiquis del cubano que, al sumarse a los anteriores contextos que mencioné (el económico, político y social), acelera la depresión a extremos inusitados y reactiva los deseos de morir, de autodestruirse, y es la actitud fatal de la autosuficiencia (claro, hablo de una autosuficiencia temperamental bastante pronunciada y negativamente desgastante, una autosuficiencia colmada de apasionamiento, de instintos y nada de cordura). En otras palabras, hablo del desbocado ego irracional”.
“Esta actitud forma una tendencia a creernos centro del mundo, ser egocéntrico, en mucho es el sentimiento exagerado de ser uno mismo por encima de los demás, y que nos distorsiona, nos desarticula, esa otra imaginación resplandeciente que alguna vez se alcanzó (en un proceso que principalmente podría tomar desde después de la Segunda Guerra Mundial y toda la década de 1950), y que formaba parte de lo mejor de nuestra naturaleza humana y de nuestro espíritu108“.
“Un estado de ser psicológico, pues el desmoronamiento se puede tornar en algo catastrófico; algo que sucedió y desajustó el control imaginativo real que teníamos del mundo, para llevarnos entonces a buscar el cero de la existencia”.
El internacionalismo y el ombliguismo del mundo
“En este tópico, interesantísimo, hay que recurrir a una esclarecedora conferencia de Carlos Alberto Montaner, “Cuba, intervencionismo y pretencionismo”116. Aquí, este analista político hace un recuento exacto y muy singular dentro de la historia cubana, para destacar una buena cantidad de eventos que contribuyeron a formar ese temperamento injerencista del cubano; aunque no creo que, de todos los cubanos, pero sí de una importante cantidad de los mismos, que hasta hoy en día —en mi criterio— no ha sido tomado muy en cuenta por los historiadores y sociólogos”.
“En su conferencia, Montaner deja bien claro este afán del cubano en participar en cuanto suceso internacional importante tuviera lugar, y donde la Isla pudiera involucrarse, como un factor decisivo de hazaña histórica, para conformar así otro de los rasgos que llegarían a definir más su aspiración de ser centro de los conflictos mundiales; protagonismo que le viene de España desde el siglo XVI, por la importancia que tuvo la Metrópoli en numerosos acontecimientos de carácter mundial, y que fueron implicando a los nacientes cubanos a través de distintas etapas de su historia”.
“El internacionalismo así no es otra cosa que una manera más de manipular el ego, cuando este se inclina hacia lo irracional. El ego racional de una buena cantidad de cubanos, es débil, y como este ego se encuentra un tanto cercano al alma, pues debilita ese ánimo que tiene de pensar con inteligencia. Ello hace que dé rienda suelta a sus tontas emociones. En otras palabras, el cubano siempre está presto para creer que, masificando sus almas, en un evento internacional importante, pasarán a la historia como los nuevos héroes de su momento. Entre el miedo por lo que les pueda pasar si no aceptan ir a pelear a Angola y, por otra parte, la creencia de que, definitiva y esencialmente, combaten por un ideal que será reconocido por el mundo y que este ideal no se puede traicionar, entonces terminan cediendo y viéndose así en medio de una guerra que no entienden y que, en definitiva, nunca van a ganar ni tampoco comprender, mientras la sigan pensando desde una absurda, por impuesta, perspectiva patriótica”.
De la mulatez al estereotipo de lo exótico
“El mulato como la mulata pueden ser listos, rápidos, de chispas, como se decía en mi época de juventud (años 70 y 80); y por naturaleza podrían tener una visión más larga que la del blanco y la del negro, puesto que sumarían ambas visiones. Sucede que a los mulatos y a los negros se les ha encasillado en Cuba, antes de 1959 y después de ese año, como seres representativos de lo exótico cubano que tanto atrajo a la cultura light mexicana y al cine hollywoodense de Estados Unidos. El estereotipo que se les ha impuesto es el de bailadores, tocadores de congas, guaracheros de música popular, delincuentes de toda laya y gente a la que le gusta vivir en promiscuidad. Un estereotipo general sería el de marginados, y dentro de este enorme y pérfido saco entran los mulatos. Y la respuesta es que este estereotipo es falso, totalmente falso”.
“Al negro y al mulato nunca se les ha enseñado ni, en realidad, se les ha dado las oportunidades de cómo deben canalizar una vida más dada a la ciencia, a la tecnología y a las humanidades. En general, esa raza, la negra (que es una raza posiblemente fundacional no solo para los cubanos, sino también para todo el género humano en el orbe), en determinados momentos de la Historia del mundo, el negro y posteriormente el mulato han sido desprovistos de posibilidades para una existencia activamente inteligente y cultural, en relación con la vida de un ser humano que quiere progresar. No obstante, muchos negros y, entre ellos mulatos, han logrado sobresalir. Lo que demuestra que sí tienen la suficiente sustancia gris para rebasar cualquier tipo de inferioridad, y que pueden optar por profesiones universitarias. La inteligencia, visión y habilidades, la memoria y el afán de conocimientos no están afectados por la raza, ni por el color, sino por la cantidad de neuronas felices o productivas (como se les quiera llamar) que cada persona (¡de cualquier raza!) pueda tener.
La jinetera ilustrada
“El jineterismo, por su parte, es un producto exclusivo de la dictadura castrista. La versión socialista de la prostitución. La jinetera es la nueva prostituta que pulula en Cuba85. Esta nueva cortesana cubana se diferencia de las anteriores, en la Isla, y de las que han existido y existen en el mundo hoy en día, porque un gran número de ellas son “ilustradas”86, además de ser una de las más baratas del planeta, y de componer una categoría que se divide en varias clases: las carroñeras (de baja estofa, digamos y que buscan a todo aquel que le pague en dólar) hasta las que se dedican a cazar turistas y otras a empresarios y diplomáticos extranjeros87 “.
“El jineterismo es uno de los fenómenos más sobresalientes del total desastre social que impera en Cuba actualmente, y en esta categoría podemos incluir todo lo que atañe a la prostitución en general, incluyendo el proxenetismo y la pornografía infantil que han sido temas alarmantes desde hace muchos años a la fecha”.

El poco conocido sonido de la otra música
“A diferencia de la buena música popular, que presenta un frente sólido, podría decirse que las excelentes interpretaciones de las orquestas sinfónicas y grupos de cámara, la creación de óperas y ballets, de innumerables obras orquestales y para pequeños conjuntos han sido (y son aún) el estado de un umbral entre el sí y el no, digamos, en el que este tipo de música compleja, también llamada clásica, ha conformado un submundo que, por diferentes razones, ha reflejado siempre un brillo intermitente entre épocas de nuevas potencialidades creadoras y otras de silencios y vacíos que terminan en incertidumbres o en caminos inciertos en los que solo recibimos la tenue luz de una penumbra”.

“Durante el siglo XIX, y en la primera mitad del XX, se hicieron muchos esfuerzos por resaltar la cultura de los clásicos en casi todos los géneros teatrales y musicales, pero, a la larga, nunca la imagen de una Cuba culta pudo imponerse en forma mayor, como sí lo ha hecho la imagen de la Cuba típica, habitual, de ritmo trepidante. Esto no quiere decir que el sentido artístico de ese sonido no fuera bueno, sino que, por ser lo popular demasiado bueno y además mucho más apegado a lo comercial, terminó siempre imponiéndose como el modelo o representación de una abrumadora proyección creadora. Desde luego, tomada en su totalidad, la Isla siempre ha sido un hervidero de creatividad, en todos los géneros musicales”.

Manuel Gayol Mecías. Escritor y periodista. Ganó el Premio Nacional de Cuento de la UNEAC en 1992 y en 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericana de New York. Ha publicado una decena de libros entre los que figuran La penumbra de Dios (ensayo), Ojos de Godo Rojo (novela) y La noche del gran Godo (cuentos). Trabajos suyos han sido traducidos al inglés y al italiano. Es miembro del Pen Club de Escritores Cubanos y de la Academia de Historia de Cuba en el exilio. Es vicepresidente de Vista Larga Foundation y dirige la revista Palabra Abierta y su editorial homónima.
El lanzamiento del libro 1959. CUBA EL SER DIVERSO Y LA ISLA IMAGINADA, se efectuó en el Festival VISTA el pasado 15 de diciembre, en el Miami Hispanic Cultural Arts Center, obra que sin duda será muy polémica y que aporta muchos aspectos a tenerse en consideración a la hora de analizar la nacionalidad y la complejidad de la sicología de los cubanos, así como los factores que hasta la fecha han influido en la percepción que tenemos de nosotros mismos, desde los estudios de los etnólogos y antropólogos de la era republicana, hasta los acontecimientos políticos y sociales que han conmocionado nuestra historia reciente.

 

 

 

 

 

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Pensamientos en La Habana

Acerca del ensayo reflexivo en Cuba. Algunas figuras emblemáticas. (Parte I)

Dijo el filósofo Roberto Agramonte sobre la historia del pensamiento cubano, que es la “marcha del espíritu hacia la autorrealización de la idea de libertad y hacia la sustitución de una fe muerta por una fe viva”1, lo que decide que dentro de la historia de las ideas filosóficas en Cuba haya un escalón superior al que aspira la “marcha del pensamiento” deparado al hombre y “todo lo bueno de su existencia”.

En Cuba no podemos hablar, dentro de la tradición de pensamiento, de filósofos “puros” —como creo que nunca podría hablarse como tales en toda la historia de la filosofía— sino de hombres volcados en la acción civil, pedagógica, científica, política, cuyos pensamientos condujeron a formar una conciencia común y a cimentar las bases de un pensamiento que calzaría tanto la acción individual como la colectiva.

Tal postura en que se erige tanto la conciencia nacional como el pensamiento filosófico define su sentido de funcionabilidad y vitalidad, y así la objetividad y sentido de la historia, ligada a su vez a un idealismo que sólo la vocación por la libertad y la fe por “lo que es bueno en la existencia” concertaban, rasgos que peculiarizan y fundamentan la filosofía en Cuba.
Por la propia evolución del pensamiento latinoamericano, por su génesis y por las coyunturas sociopolíticas que fueron conformando su estructura, los temas, tal y como fueron también en el ámbito internacional, serán los que centran sus miras en lo propiamente humanístico, al considerar al hombre la materia a alcanzar en toda su riqueza y vastedad. El hombre, protagonista de las aspiraciones políticas, sociales, humanistas, intelectivas y artísticas de anteriores siglos es, ahora, el centro del quehacer filosófico, pero no sólo en su acción, o sea, en su proyección “experimental”, sino en todas las aristas que componen su ser esencial. Más allá de su ser físico, el plano de lo supraterrenal es también óbice de su actuar, ligado en el espacio americano no sólo a lo histórico circunstancial, sino a las leyendas y mitología, cartografía mucho más abarcadora y esencial que la prevista. Es la nueva concepción americana de la historia, su cultura, su mundo, el ser y el conocimiento, a partir de un extrañamiento de lo sentido —vivido (Dilthey); intuido (Bergson), procurado por la voluntad (Nietzsche, Schopenhauer), y aprehendido de la realidad.

Coordenadas habaneras durante la República. –
La fuerte vinculación de los pensadores cubanos con la realidad sociopolítica y el carácter funcional y vital, además de emotivo, de la filosofía en Cuba, hizo que fueran acogidas aquellas doctrinas foráneas que más se adaptaban a sus propios valores para así ponerlas en función de los intereses nacionales. Por la búsqueda añorada de la dimensión espiritual cubana y por el rescate de esta vocación lograda por la revalorización de nuestras tradiciones a través de la exégesis filosófica, las ideas provenientes de Europa en los albores del siglo XX que se asimilaron fueron aquellas que centraban sus miras en la conceptuación de la vida y el hombre como eje protagónico, valor primordial que hacía del rango afectivo y sensitivo un nuevo modo de filosofar. De este modo tuvieron particular atención los pensamientos de Wilham Dilthey, Edmund Husserl, Henri Bergson, Sigmund Freud y José Ortega y Gasset, que calaron profundamente en la reflexión filosófica cubana.
A escala mundial, el siglo XX perfiló su mirada reflexiva en resquicios de la realidad tan insospechadamente amplios como pequeños, esto es, proyectó el objeto de reflexión a los planos macrofísicos y microfísicos, lo que evidenció una total revolución del pensamiento.

Cuba no estuvo ajena a los cambios producidos a escala mundial que llevaron a una crisis de los fundamentos de las ciencias, en particular las ciencias positivas, muy en consonancia con las corrientes intuicionista y vitalista. La base fundamental de este cambio no era rechazar la realidad como fuente de valor, sino modificar el espectro de lo real, extendiéndolo no a algo más que la mera experiencia sensorial, sino a las esencias que constituyen otra dimensión del mundo físico. A lo que se unía la nueva óptica de las ciencias físicas, con todo el protagonismo que la realidad “invisible” y así la posibilidad ficcional, obtenían. El positivismo, de este modo, se volvía ya inoperante frente a corrientes de pensamiento mucho más dúctiles a las dimensiones y elementos integrantes de la realidad, aristas donde la mente humana encontraba su sitial de un modo mucho más orgánico y veraz, apoyado en el triunfo del espíritu sobre el desmoronamiento de lo material que trajo por consecuencia la Primera Guerra Mundial.
El cambio de mentalidad observado a escala mundial que igualmente condicionó los nuevos derroteros de las ideas en Cuba con el redescubrimiento de una espiritualidad subyacente ha sido muy bien expresado, como “espíritu de época”, por Ortega y Gasset:

El vigor intelectual de un hombre, como de una ciencia, se mide por la dosis de escepticismo, de duda que es capaz de digerir y de asimilar […] Los principios físicos son el suelo de esta ciencia, sobre ellos camina el investigador. Pero cuando hay que reformarlos no se pueden reformar desde dentro de la física, sino que hay que salirse de esta. Para reformar el suelo es preciso, evidentemente, apoyarse en el subsuelo. De aquí que los físicos se viesen obligados a filosofar sobre su ciencia, y en este orden el hecho más característico del mundo actual es la preocupación filosófica de los físicos .

El punto de vista de Ortega y Gasset, expresión de sus concepciones vitalistas y de la primordial función que otorga a las vías de conocimiento centradas en la razón humana, conforman una óptica integral de valoración del conocimiento, sea cual sea el ámbito de proyección. Esa integridad avizorada por el conocimiento aunado en el “saber”, sostiene el afán apologético de una filosofía que rompe los lindes entre ciencias (positivas y humanísticas o sociales) para conjuntarlas en una.
No fue difícil para el pensamiento cubano, impregnado de una vocación apologética (muy definida por el pensamiento martiano, guardado como culto por generaciones de estudiosos) aprehender este cambio de mentalidad y asimilar las tendencias filosóficas que abrían cauces hacia la interioridad del hombre, nacidas de una razón más profunda, propia de las dimensiones de su espiritualidad. En otras palabras, José Martí expresaba esta concomitancia de las líneas de indagación para un conocimiento superior, asunto que refiere en su “Prólogo al Poema del Niágara”:

Pero en la fábrica universal no hay cosa pequeña que no tenga en sí todos los gérmenes de las cosas grandes, y el cielo gira y anda con sus tormentas, días y noches, y el hombre se resuelve y marcha con sus pasiones, fe y amarguras; y cuando ya no ven sus ojos las estrellas del cielo, los vuelve a los de su alma .
Para el pensamiento cubano, el afán de integrar los planos de conocimiento del mundo, ya sean estos sensibles o metasensibles, inmanentes o trascendentes, es el soporte que le permite asimilar las posturas filosóficas que responsabilizan al hombre con su ser y estar en el mundo, aplicando su voluntad y comprensión de su papel dentro del contexto vital y social que habita el hombre con “vigor intelectual”, el mismo que establece Ortega cuando lo hace “dudar” y “hallar” el sentido del mundo gracias a la abierta actitud mental.

  1. José Ortega y Gasset: ¿Qué es la filosofía? Madrid, Alianza Editorial, 1982, p.43.

Ivette de los Ángeles Fuentes de la Paz (La Habana, 20 de mayo de 1953)

Doctora en Ciencias Filológicas (1993) y Doctora por la Universidad de Salamanca (2003). Ha desarrollado su labor profesional como editora, especialista literaria (Ministerio de Cultura), directora del Proyecto Casa “José Lezama Lima” (Ministerio de Cultura), especialista en teoría y estética de la danza de la revista Cuba en el Ballet (Ballet Nacional de Cuba), y como investigadora literaria (Instituto de Literatura y Lingüística, Ministerio de la Ciencia). Es actualmente directora de la Cátedra de Estudios Culturales Vivarium y de la revista homónima y profesora de Literatura Hispanoamericana y de Estética en el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos P. Félix Varela. Es además investigadora adjunta del Museo Nacional de la Danza.

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