Una lectura del libro Elogio a la Palabra

Elogio a la Palabra de Reynaldo Fernández Pavón      

Por Amanda Rosa Pérez Morales

Reynaldo Fernández Pavón 
Reynaldo Fernández Pavón 

A lo largo de la historia del pensamiento y la cultura, la preocupación por la memoria y el recuerdo han sido túneles recurrentes.

¿Qué es la memoria?

¿Cómo funciona?

¿Cómo se relacionan la memoria y el recuerdo?

¿Qué significa recordar?

¿Qué elementos influyen en este acto?

          Tales preguntas han sido respondidas de múltiples formas, en dependencia del área de donde provenga el cuestionamiento. Una de las posibles respuestas es que accedemos a los recuerdos e interiorizamos el ejercicio de la memoria a partir de elementos que contribuyen a nuestra existencia como entes carnales y finitos, pero que no se agotan en ello. Con esto, me refiero, a los elementos externos que asumimos como parte constitutiva de lo que somos. Ese es el caso del lenguaje. También está el hecho de formular imágenes: sonoras, fotográficas, olfativas, sensibles… En todo caso, podríamos resumir lo anterior afirmando que: recordamos en tanto tenemos algún registro del recuerdo. Sea como sea, debe tener un registro.

Entre ambas propuestas se encuentra la poesía como acto que reúne una producción escrita, así como una producción maravillosa de imágenes. El lenguaje poético garantiza una experiencia estética a partir de la palabra y de la imagen que ocupa a las palabras como condición primera de inspiración y orientación, y encuentra en las imágenes cierta libertad creativa. En este punto es donde el lector también contribuye a la experiencia total del poemario Elogio a la palabra, funcionando como una extensión finita de algo que trasciende una temporalidad determinada. Esta experiencia del ser humano frágil y condicionado, pero que encuentra su endiosamiento a través de la palabra poética, es lo que encontramos en las páginas de este libro.

Construyéndose performativamente, el autor de este poemario se diluye entre personajes que se cuestionan su lugar en el mundo y, sobre todo, se preguntan cómo serán recordados, cómo trascenderán. ¿Cómo, alguien que no está inscrito formalmente en los anales de la historia, hace para ingresar y pertenecer a ella? Tal problema lleva a tres sentires específicos tras la lectura de Elogio a la palabra. El primero es el de la desesperación. ¿Cómo podría ser parte de la historia? A través de la palabra, de lo escrito: escritura de textos, diarios, cartas a otros, un álbum fotográfico, la inmoralidad virtual en las redes sociales, tener descendencia… Esta multiplicidad de oportunidades, lejos de calmar, provoca un estado de ansiedad ante la preocupación de decidir cuál de todos los caminos es el adecuado. Tal estado puede llevarnos a la frustración.

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Elogio a la palabra (Poesía)
Elogio a la palabra (Poesía)

El segundo sentir es la resignación. No hay forma de ser recordado, nos perderemos en el flujo de un tiempo que no por ser un juicio sintético a priori se libera de la jerarquización. En la historia se privilegian tanto temporalidades como personajes insertados en esas temporalidades.  El tercero está asociado al aquí y ahora. No hay nada más, lo cual deviene un proceso bajo el cual la comprensión de la existencia se enfoca, más que en la finitud, en la aceptación de una vida que trasciende en otra dimensión del mundo donde las imágenes perduran, se interconectan, recorren caminos diferentes al de nuestra finitud. En ese caso, entonces, trascendemos a través de nuestros propios recuerdos por el hecho de que, el mero acto de imaginar nos traslada a una experiencia de la vida desencarnada terrenalmente. Pasamos a ser entes metamórficos.

Bajo estas tres directrices, el poeta Reynaldo Fernández Pavón, construye una propuesta de experiencia de la vida que, como mismo funciona con la poesía, ofrece directrices, pero deja el espacio imaginal como una posibilidad, siempre abierta, de ser. Los múltiples referentes tanto históricos, como lingüísticos hacen que el lector recorra cada uno de estos niveles entrecruzados y decida dónde estacionarse. Esta locación no necesariamente debe ser siempre la misma, sino que la recursividad poética del libro da la oportunidad de viajar entre cada palabra y explorar los distintos sentidos que ofrece.

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Así, la memoria y el recuerdo se experimentan como algo indeterminado. Ya no necesitan del tiempo y la historia para insertarse. Ya no necesitan, como única oportunidad, el posicionamiento. ¿Pero, acaso hay memoria y hay recuerdo sin tiempo ni historia? ¿Si no se pudiesen pensar estos términos fuera de tales parámetros, entonces significaría que la memoria y el recuerdo desaparecen? De ser así, qué maravilla. Qué gran oportunidad. Qué estupendo y fascinante es concentrarnos en ser, en vivir, sin necesidad de recordar lo vivido, sin necesidad de memorizar lo vivido.

Amanda Rosa Pérez Morales
        Amanda Rosa Pérez Morales       Escritora, Doctora en Filosofía,   profesora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

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