La Mujer en la Era de la Globalización (Parte #2 de 8).

Por Reynaldo Fernández Pavón

Conferencias y acuerdos.

Las conferencias mundiales sobre la mujer han creado una base teórica sin precedentes en los anales de la historia sobre el tema de la igualdad de género que puede ser utilizado para concretar las acciones gubernamentales en materia de equidad. Las declaraciones de estas conferencias han sido debidamente documentadas e inspiradas en el espíritu del derecho internacional y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la que son signatarias la mayoría de las naciones.

En la I Conferencia Mundial sobre la Mujer de México (1975) se proclamó por la Asamblea General el Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer.

En la II Conferencia de Copenhague (1980) se lograron programas de acción en temas relativos al empleo, la salud y la educación.

En la III Conferencia, Nairobi (1885) se logran firmar documentos que constituyen iniciativas a adaptar a nivel regional e internacional para promover el reconocimiento social del papel de la mujer y el ejercicio de sus derechos humanos.

La Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing (1995) “redacta una declaración de principios sin carácter vinculante. En un sentido legal, estos documentos podrán influir sobre la jurisprudencia en la medida en que los magistrados los consideren como “principios generales del derecho”. Pero su sentido más importante es el de servir como bandera del movimiento de mujeres en la lucha por las reformas y como instrumentos para medir los avances gubernamentales y exigir cuentas a los estados respecto de los compromisos adquiridos” (Mala N. Htum, 1998).

En 1997, el Consejo Económico y Social de las naciones Unidas (ECOSOC) define el concepto de la transversalización de la perspectiva de género y crea una estrategia para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres conocido como Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Equidad de Géneros (PNUD) que derivó en la aplicación de programas nacionales con similares propósitos.

En octubre de 1999, la Asamblea General de la ONU aprueba el Protocolo Facultativo de la CEDAN sobre la eliminación de todas las formas de discriminación sobre la mujer, que firma y ratifica en el 2,002.

En septiembre del año 2,000, 189 jefes de estado se reunieron en la sede de las naciones Unidas para celebrar la cumbre del milenio. Se plantea respetar y defender la dignidad humana, la igualdad y la equidad y alcanzar una paz justa y duradera en todo el mundo, lograr que la globalización se convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes del mundo y se acuerdan los “Objetivos de Desarrollo del Milenio:

  1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre
  2. Lograr la enseñanza primaria universal.
  3. Promover la equidad de género y la autonomía de la mujer.
  4. Reducir la mortalidad de los menores de 5 anos.
  5. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades endémicas.
  6. Mejorar la salud materna.
  7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
  8. Fomentar la asociación mundial para el desarrollo.
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Un análisis ulterior de los acontecimientos nos permite ver a las claras que, a fines de la primera década del siglo XXI, los objetivos del milenio están muy lejos de convertirse en realidades; la gobernabilidad y estabilidad de las sociedades, la igualdad en todas sus manifestaciones, y la democracia misma dependen hoy en alto grado del logro global esos propósitos.

En el 2004 fue celebrado el décimo aniversario de la Convención de Belém para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer: ¡Es tiempo de actuar!  Fue la consigna de casi cien organizaciones que con Amnistía Internacional firmaron un documento en el cual se declaraba que “con frecuencia estos actos permanecen impunes y que no son pocos los casos en que los estados no investigan imparcial y efectivamente las violaciones cometidas por sus propios agentes. También es frecuente que cuando los autores de tales actos de violencia son particulares no se actúa con la debida diligencia requerida por la convención de Belém do Pará, pues no se toman medidas razonables para investigar e identificar a los responsables e imponerles las sanciones pertinentes” (lo cual, en nuestra opinión de hecho, significa una forma de complicidad oficial con los perpetradores del delito que no es ignorada por estos).

En otra parte del texto se menciona que “El Sistema Interamericano de Derechos humanos ha planteado logros en cuanto a la determinación de obligaciones concretas de los Estados sobre la eliminación de los fenómenos de violencia contra las mujeres” … “recomendaciones y decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y su Relatoría sobre Derechos de la Mujer” …. “Así como diversas decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, tales esfuerzos de los órganos de supervisión resultarán siempre insuficientes para superar la situación si los estados partes no asumen claramente los compromisos establecidos en la Convención de Belém” y concluye afirmando el objetivo de este documento, a saber, que no pueden demorarse más las medidas concretas que ayuden a desterrar la violencia y la discriminación de la mujer.

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Los informes de las instituciones oficiales sólo captaron parcialmente la igualdad entre géneros y la autonomía en materia de educación, empleo y participación política. La implementación y cumplimiento de los acuerdos de las reuniones internacionales anteriormente citadas por parte de los gobiernos ha sido decepcionante. El Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y El Banco Africano de Desarrollo, importantes donantes que destinan recursos económicos al logro de las metas relativas a la consecución de la igualdad entre géneros, adoptaron desde la reunión de Beijing planes de acción que en la práctica siguen siendo insuficientes para erradicar la brecha que existe entre los acuerdos y los hechos.

 

La Mujer en la Era de la Globalización (Parte #1 de 8).
La Mujer en la Era de la Globalización (Parte #2 de 8).
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