Una lectura de la novela El Repatriado.

Por Jesús de la Veiga
El Repatriado es ante todo obra literaria que proclama la unidad, el conocimiento de la historia y la cultura, como las únicas vías que pueden conducir a los cubanos a la democracia y a la libertad, pues todas las prácticas anteriores no han logrado ese objetivo tan necesitado por “todos y para el bien de todos”, después de vivir bajo el poder dictadores de derecha y de izquierda desde la década del 20 del pasado siglo hasta el presente -léase Machado, Batista, Fidel y Raúl-, con una breve pausa democrática durante la Segunda Guerra Mundial. Los efectos de esta larga noche dictatorial en la sicología común de los cubanos, bien merece un estudio de un equipo integrado por antropólogos, etnólogos, psicólogos sociales y sociólogos.
El Repatriado, no es una novela en el sentido estricto de la palabra, pues no se ajusta a los conceptos académicos del género. Esta es una “obra coral”.
El Repatriado es ante todo una novela colectiva y por tanto, su función social, es constituir una obra de servicio que ha sido creada con la vida y el testimonio de muchos seres humanos, obra coral escrita a lo largo de más de dos décadas de investigación, y de recoger testimonios dentro y fuera de La Isla, historias y vivencias que sacudieron una nación, y que el escritor utiliza como marco en el que se desarrolla la vida de los protagonistas que encarnan el rostro de sus congéneres, material con el cual el escritor crea una crónica novelada, oficio que puede parecer extinguido o evocar a los cronistas de indias, pero en morfología estudiamos que a cada contenido a de corresponder a una forma para que fusionados ambos puedan crear un producto artístico acabado.
El Repatriado viene a constituir la zaga de la novela El Lirio del Prado que comienza en la década de 1860 y concluye con la muerte de Rafaela (la protagonista) en la década del 50 del siglo XX, momento en que Lázaro, el protagonista de la novela, da sus primero pasos en la vida y tiene que viajar con sus padres precipitadamente a New York, huyendo de la represión policial de aquellos tiempos para regresar a Cuba en las Navidades de diciembre de 1958, y amanecerá junto con el año nuevo para presenciar con sus ojos de niño el cambio más radical de la Historia de Cuba, siendo clasificado oficialmente como un repatriado. (Nunca llegará a entender, por qué, siendo nacido en ese territorio, tiene que repatriarse).
En Miami vive Lili, quien fuera la secretaria docente de la ENA en la época en que Lázaro, era estudiante en ese centro de estudios de la Dirección Nacional de Becas y fue enviado al campamento de reeducación de becarios de las montañas de Pino del Agua. Ella y sus familiares superan la ficción con sus propias vidas, pertenecientes a un grupo de la clandestinidad que luchaba contra la tiranía, salvaron la vida porque logran salir de Cuba rumbo a los Estados Unidos de una manera tal, que podría escribirse un excelente guion para el cine, y llegaron al Aeropuerto de Rancho Boyeros, junto a los padres de Lázaro en el vuelo que vino repleto de cubanos en el mes de enero de 1959, Quizás la única diferencia es que Mariana, la madre de Lázaro, regresó a los Estados Unidos durante el éxodo de Camarioca en la década del 60.
Es muy difícil hacer “literatura” con estos temas; dado el protagonismo que en el caso de Cuba tiene la política. Una de las funciones sociales de esta obra es contribuir a rescatar la memoria colectiva, y contribuir a rescatar los valores y las tradiciones del espíritu nacional, y por otro lado escribir un homenaje a seres humanos que han sido silenciados o tachados y que pertenecen a la generación de cubanos nacidos a fines de las décadas del 40 y principios de los 50.
Los que asistieron con el escritor a las mismas escuelas y jugaron quimbumbia, o a los escondidos en los barrios marginales de La Habana, los jóvenes rebeldes, los alfabetizadores, los del primero al sexto llamado del Servicio Militar Obligatorio, los estudiantes del sistema nacional de becas, los que fueron a Baracoa a recoger café durante la crisis de octubre, los primeros militantes de la juventud comunista, los primeros jóvenes que cumplieron misiones internacionalistas, en fin, una generación que fue utilizada para muchos experimentos y que sirvieron de laboratorio del destete y el adoctrinamiento partidista.
Lázaro es un Marielito que encarna la tragedia de la diáspora cubana de la cual ni siquiera existen cifras oficiales, y que constituyen millones de seres humanos separados de sus familiares en la isla, al asumir la única salida pensable: abandonar el país -legal o ilegalmente-, ¡qué triste!, los mambises se hacían fusilar durante la guerras de independencia cuando los condenaban a la deportación, preferían morir que ser expulsados de la tierra que los vio nacer.
Como han señalado algunos críticos respecto al autor, las inmigraciones, son un tema presente en toda su obra, y es que el estudio de este fenómeno le hace posible comprender la psicología y el carácter del cubano de hoy.
De lo anteriormente expresado surge un importante tema histórico en el proceso de creación literaria: el “Éxodo del Mariel, del cual no se habla en la isla, y se rinde en la obra un tributo a cientos de miles de seres humanos empujados al exilio, y a decenas de miles de almas que yacen en el fondo de los mares, algún día tendremos que tratar de alistarlos y crear un memorial donde recordarlos como debe ser.
Hay sub-temas, – como bien señalaran Manuel Gayol y Enrique Patterson – que podrían ser utilizados para escribir otras novelas, tales como, la represión a la religión considerada “el opio de los pueblos” y la persecución a los practicantes de las religiones, en especial, a aquellos practicantes del sistema religioso de los afrocubanos.
En El Repatriado se ha descrito como las personas son capaces de resistir a los opresores y amar, fundar, crear, cantar, escribir, bailar y vivir con intensidad; porque hay que vivir esta vida que nos ha sido dada, en medio de los arrebatos del totalitarismo, y generar capacidades que van desde la doble moral a la honestidad en la intimidad de los amigos. Hay que ser muy imaginativos y creativos para sobrevivir a esa tragedia más allá de todo, de lo contrario, el suicidio sería una especie de quinto jinete del Apocalipsis cabalgando feroz sobre esas tierras de El Caribe, en tales circunstancias, para escapar de los golpes de astro del poder, se necesitan que existan muchas personas como el guajiro Quintín, el personaje que se roba el protagónico de esta novela, Quintín el guajiro semi-analfabeto, el hombre de las montañas, sencillo y natural, encarnando el espíritu primigenio para hacernos recapacitar sobre la importancia de la fidelidad a la amistad, a la decencia y a la bondad, a pesar de todos los pesares.
Por último, señalaré que Reynaldo Fernández Pavón no es un escritor omnisciente ni omnipresente, los personajes de El Repatriado -como en El Lirio del Prado-, cuentan sus historias desde la cotidianidad, en escenarios en los que pueden coexistir versiones completamente diferentes a los de ellos, o similares; tal y como ocurre cuando los soldados han narrado un mismo combate, cada versión dependería de en qué sitio se encontraba cada quien: En los mítines de repudio, o si era un repudiado, en las primeras líneas de los acontecimientos o si se encontraba en punto de observación en la distancia.
Mientras leía esta novela, sentí en el Capítulo VI, la presencia, en sus caminos misteriosos, de la Virgen María de la Caridad del Cobre y de los Remedios, el lado femenino de Dios, esparciendo bendiciones en la manigua, en las calles de la isla y en el exilio.
Ojalá esta obra literaria pueda-en última instancia- servir para que otros pueblos tomen conciencia respecto a la destinación de la utopía socialista y de la verdadera esencia de la denominada “izquierda”, pero de algo si estoy seguro, la mayoría de los cubanos, se encontrarán a sí mismos en algún rincón de esta novela.

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El Lirio del Prado, Nota de Prensa, Madrid

La Asociación Cultural Yo Soy El Otro y el Grupo Kór presentan

el Taller Literario “EL Autor y su Obra”

Invitado: Reynaldo Fernández Pavón (Cuba)

Novela El Lirio del Prado

El reconocido poeta,  compositor  y  productor  musical Reynaldo Fernández Pavón hace otra incursión en la Literatura, esta vez en el género de novela.

El Lirio del Prado es una obra Mariana que ofrece la visión de mujeres galoneadas desde África para ser esclavizadas en el “Nuevo Mundo” y de hombres provenientes de España que vinieron a las colonias de América como soldados ó en muchos casos, huyendo de múltiples calamidades y de la descendencia mágica de la unión de estos seres que participaron en la creación de nuevos pueblos y nuevas naciones.

Rafaela,  protagonista de esta obra literaria, no dispuesta a salir de una esclavitud dura y humillante para entrar en otra esclavitud más dura y humillante que la anterior, toma una decisión que cambiará radicalmente el rumbo de su vida y dice a su hija María Catalina:

–          No vas a sufrir lo que he sufrido. Te lo juro por mi santa madre. ¡Dios la tenga en la gloria!

No vivirás como he vivido hijita.

5 de Noviembre  a las 12:30 horas

Aula 17.2.47. Edificio 17, Ortega y Gasset,

Facultada de Humanidades. Campus de Getafe.

Universidad Carlos III de Madrid

Calle de Madrid, No. 126, Getafe, 28903 Madrid

Teléfono: 66 026 3956   (LA ENTRADA ES LIBRE)

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El Lirio del Prado, una novela de las que perduran.

Por Rachel Gato

El Lirio del Prado
El Lirio del Prado

La novela El Lirio del Prado constituye una obra de lectura obligada para todos los cubanos. De la mano de Rafaela, el personaje principal y de otros personajes como María Catalina y Santiago Isaac, conocemos detalles de la época colonial y de la República en Cuba, así como de los Estados Unidos de América,  España, Italia y Francia en aquellos tiempos.

La narración nos desvela la pesadilla de la esclavitud sin caer en sentimentalismos o estereotipos.

Es también un canto al mestizaje de nuestro pueblo, a la cubanía en todos sus sentidos: costumbres, comidas, música y sicología común.

La novela El lirio del Prado tiene como novedoso que la protagonista es una mujer negra nacida esclava, lo cual, teniendo en cuenta el origen y  las circunstancias del personaje, hacen que esta historia sea muy intensa hasta el último pasaje.

Considero que El lirio del Prado es una novela de las que perduran, una obra literaria sobre nosotros para el mundo y del mundo para nosotros.

Rachel Gato, escritora de literatura infantil.

Alicante, España.

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El Lirio del Prado, crónica de un pasado luminoso.

Por Pedro J. Pérez

El Lirio del Prado
El Lirio del Prado

“El Lirio del Prado”,  autoría de Reynaldo Fernández Pavón,  es un loable esfuerzo que por varios años ocupo el tiempo creativo del autor. Esta novela recoge la historia que cursó antes y durante el proceso angustioso de la independencia de Cuba. En viñetas crudas y coloridas se recogen momentos de dicho proceso que hasta ahora, resultaban pocos conocidos. Entre la realidad de los hechos innegables, el lirismo novelado y la trama de una relación tormentosa y apasionada que se van dando entre los diferentes personajes que discurren, resalta la leyenda central de una valerosa mujer, mulata y bella por demás, cuya vida de sacrificios no la detiene en el logro de su propósito de alcanzar sus metas.

Durante el proceso narrativo alcanzamos a conocer en profusos detalles la conformación territorial, social y humana de la época de referencia. Por momentos, La enumeración del dato sobresale a veces tocando nombres y lugares que solamente sirven para adornar el recuadro descrito, lo que estimamos resulta para el caso, literariamente un tanto prolijo para los efectos de la trama que la define, sacrificando por ratos la fluidez que le es propia al hecho novelado.

Pero es obvio que el autor tiene como principal interés narrativo recrear el hecho histórico destacando la exuberancia estructural de una Cuba que en su momento, fue una de las colonias hispánicas y luego nación americana más desarrollada en términos culturales, económicos y arquitectónicos. Con una Habana, ciudad casi émula de Paris, en donde lo exótico y cultural trascendía lo cotidiano.

La nostalgia que exuda por sí misma en cada página se entremezcla palpitante dentro del drama de los personajes cuya vida y quereres se van intercambiando entre un destino que le es común. Los actores y el entorno de la época se conjugan en un todo que permanece sin diluirse como recurso ambiental.

El Lirio del Prado” es en síntesis una crónica de remembranzas de un pasado luminoso  que alcanza hasta el final de la década del 60, y de pasada, se siente el desconsuelo, obviando la ira que embarga hasta la fecha tras el manejo insensato de los recursos naturales, sometidos al  provecho e ideario personalizado  que trastocó a la Cuba de las luces.

Esto así se entiende, cuando se parte de lo puramente humano y cuya diáfana vía de exaltación, es la literatura, el credo a la vida y  el arte noble, aunados en todas sus sensibles formas conocidas.

Considero que para el cubano de antes y de ahora, esta obra resulta de lectura obligada por las razones que le es a cada cual. Para el lector general, resulta en un compendio interesante de un pasado referente que permite el conocimiento de hechos tan humanos como históricos.  Apoyo y celebro en todo lo que vale el esfuerzo del escritor por dar a conocer su trabajo, más aun, cuando no hay una casa editorial que soporte el esfuerzo digno y bien logrado. Me consta.  Pero se hace camino al andar, tal como  dijera el egregio poeta ibérico cantado por Serrat.

Pedro J. Pérez, Escritor dominicano

Director del programa “La Hora del Recuerdo”

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El Lirio del Prado en Toronto, Canada.

Accents Bookstore, Toronto, Canada.
Nota de Prensa.

Lanzamiento internacional de la novela El Lirio del Prado.

El sábado 26 de mayo del presente, con el auspicio de Accents on Eglinton Bookstore, The Afro-Latin American Working Group, y The Harriet Tubman Institute for Research on the Global Migrations of African People,  se efectó en la ciudad de Toronto, el lanzamiento oficial a nivel internacional de la novela cubana El Lirio del Prado del reconocido escritor, compositor y productor musical Reynaldo Fernández Pavón.

El Doctor Abubacar Fofana en su intervención se refirió a la trayectoria artística y literaria del autor quien tiene a su haber importantes premios y reconocimientos de prestigiosas instituciones literarias y académicas de su país de origen y de los Estados Unidos de América.  En su análisis crítico de la obra literaria este investigador de la historia de los afro-descendientes en las Américas,  expresó que esta novela muestra la vida de Rafaela Alfonso, una mujer negra nacida esclava en la Cuba de la segunda mitad del siglo XIX, trama que se universaliza al reflejar profundos aspectos estructurales que han condicionado desde su fundación, el carácter general y las contradicciones de la sociedad humana a través de los tiempos,  los sistemas económicos y  las ideologías del planeta.

Reynaldo Fernández Pavón, con la traducción simultánea de la pianista y actriz  Sawdie Fernández – Singh, autora de la foto del Paseo del Prado de La Habana que aparece en la portada del libro, respondió todas las preguntas del público en un debate muy ameno.

Teniendo como marco La Peña de Rosy, el evento tuvo una segunda parte bajo la conducción de la cantante y guitarrista Rosy Cervantes y la canta-autora Valeria Matzner, quienes unieron sus voces para deleitar al público asistente  interpretando canciones del repertorio latinoamericano.

Durante la venta de los libros  firmados por el autor,  sólo quedaron dos ejemplares disponibles en Accents Bookstore.

Nos es grato anunciar que el sábado 9 de junio, a las 3:00 PM, en la Librería Julia de Burgos del Taller Puertorriqueño en la Ciudad de Philadelphia,  se producirá la presentación oficial de la obra en los Estados Unidos de América y estará a cargo de la Candidata a Doctora de New York University,

Evelyne Laurent – Perrault.

Promociones RC, Madrid.

26 de mayo del 2012

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“El Lirio del Prado” Las Raíces de una Nación.

Rafaela Alfonso (personaje real) es la principal protagonista de la Obra Literaria “El Lirio del Prado” que según la critica especializada, constituye la primera novela cubana que sigue la historia  de una familia que logra sobreponer sus voluntades al destino como legado imperecedero en  las sucesivas  generaciones.

De origen africano y nacida liberta en Cuba, fue su valentía lo que le permitió ser la primera mujer en Cuba capaz de crear y fundar en pleno Paseo del Prado un centro gastronómico con el nombre de El Lirio del Prado durante la convulsa y  evolutiva  etapa que caracterizó  las primeras décadas del Siglo XX  en la Isla del Caribe.

Basada en hechos reales y elementos de ficción la Novela “El Lirio del Prado” de Reynaldo Fernández Pavón, (La Habana, 1951) nos describe el panorama de una sociedad plagada de conflictos étnicos y a su vez fraternalmente enlazados en la sinérgica fusión de cuatro culturas, cuyas riquezas determinaron lo cubano como única identidad de una nación floreciente y permite       en justa dimensión reivindicar la participación española, negros, mestizos, chinos  y sus criollos descendientes en la fundación de una nación; de los pueblos de América y la inserción decisiva     de la Mujer en dichos acontecimientos. De ellos surgieron los protagonistas de esta novela.

Sintetizamos la opinión de la Dra. Evelyn Laurent-Perrault  de la Universidad de New York en     torno a la novedad que ofrece esta novela con este dictamen: //Un aspecto relevante que emerge    de esta obra literaria es la realidad global que confluye primeramente en la formación de lo que    hoy conocemos como España, del  Caribe y la región hispanoamericana.

El Lirio del Prado, fue un acogedor e ilustre Restaurante de La Habana post-colonial al que acudían habitualmente los  jóvenes universitarios y los artistas más prometedores de la época. Mencionado con anterioridad en la novela “Memorias de una Cubanita que Nació con el Siglo” de Renée Méndez Capote (1963), constituía un lugar especial para prolongadas tertulias en las que debatían los asuntos acuciantes que ocurrían en la sociedad cubano-española de la nueva República y cuyas voces, entre aromáticos aperitivos, se fundían con arpégios, poesías, crónicas, relatos y prosas que anunciaban el advenimiento de los aconteceres culturales y sociales en el denominado Siglo de las Luces.  Otra referencia que da fe de la existencia y relevancia de este afamado comercio se cita en la obra “The Last Masquerade” escrita por Antonio Orlando Rodríguez  y publicada en el año 2005.

En esta obra literaria de Reynaldo Fernández se ofrecen elementos sociológicos escasamente divulgados en cuanto a la importante integración social de los inmigrantes chinos en Cuba y en este caso su plena colaboración con la protagonista principal en el sostenimiento del  local con lealtad incondicional y elogiable valentía, hasta poner en riesgo sus propias vidas.  Los chinos, aunque en menor cuantía que los españoles y africanos, constituyen una etnia plenamente reconocida en la creación del patrimonio cultural y de la nación cubana.

Sus capítulos, nos descubren una época anterior de opresión y resistencia humana, cuando los africanos trasmitían los valores religiosos y culturales a sus descendientes, así como a los criollos   y mestizos, evadiendo las prohibiciones y represión colonial de los Cabildos con taimada astucia.  De tal manera los descendientes cubanos aprendían los cantos, rezos, toques de los tambores makuta, la magia de las yerbas y palos del Monte en las vertientes Lucumíes, Arará y Carabalíes.

El profesor universitario Enrique Patterson (Florida, EE.UU) nos ofrece su reflexión crítica:          “El Lirio del Prado” es, a mi juicio, la primera novela cubana que sigue la historia de una familia, sus avatares, tragedias y luchas por la supervivencia… en la vida de los de abajo\\.e insiste   en este aspecto crucial: Nos presenta una saga donde el dramatismo, la entereza  del espíritu, la creatividad,  el valor, orgullo y humanismo nos conducen a la dimensión de la Universalidad.

Entre férreas reglas de discriminación a las que han sido sometidas las mujeres en la primera mitad del Siglo XX , fueron muchas las personas de la vida real como Rafaela Alfonso, Carmen de Burgos (Colombine),  Rita Montaner,  Martina Castell, Claudina Argote, Clara Campoamor, María Catalina Piedad Alfonso, Carmen Conde, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Victoria Kent, Dulce María de Loynaz del Castillo, Clorinda Pavón, Pilar Morlón de Menéndez, y tantas otras en generaciones distintas, que lograron imponer su valía intelectual o emprendedora sobre la marginalidad de la época, venciendo represiones e incluso atentados a su integridad física para lograr alcanzar sus propios espacios transcontinentales a tenor de sacrificio humano y fuerza espiritual impresionante.  Y es precisamente en este aspecto social  donde la obra literaria rebasa lo histórico y asciende a    lo tangible contemporáneo.

Por las estancias en La Habana en los años 1923 – 1926, el famoso escritor José María Vargas Vila con sus asiduas visitas al prestigioso Restaurante, estableció una venerable y honesta amistad con la dueña, la Sra. Rafaela Alfonso.

Ciertamente, la trama contenida en la obra “El Lirio del Prado”  es realmente tan impactante como subyugadora, revelando  hechos y verdades que estuvieron ocultos o tergiversados en el contexto social y evolutivo de América. Considerada por los críticos literarios y especialistas en la diáspora afroamericana como Novela Revelación, relata al desnudo el panorama de la sociedad cubana desde finales del Siglo XIX hasta los años 50 del siglo XX y por su contenido sociocultural constituye un momento crucial en la literatura hispanoamericana.

En una reseña realizada por el destacado escritor, poeta y comunicador dominicano Pedro Julio Pérez (Filadelfia, EE.UU.), aborda tópicos que no habían sido expuestos por otros comentaristas:      “El Lirio del Prado” es, en síntesis, una crónica de remembranzas de un pasado luminoso que alcanza hasta el final de la década del 50.  Considero que para el cubano de antes y de ahora, esta obra resulta de lectura obligada por razones obvias. Para el lector en general es un compendio interesante que permite el conocimiento de hechos tan humanos como históricos. 

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“El Lirio del Prado and the Other Nation Project”

By Enrique Patterson

Cuba’s history can be read as a conflict between two nation projects which are not coagulated. One is exclusive and imposed from above, from which many of our independence heroes and successive governors have not escaped, from the Republican era to the present. The other project “springs from below” (Ortiz), and although it has not been reflected in representative institutions at the political level, it has formed the substance of a culture and national identity.

An area of the literature of ​​young nations, (and Cuba is still a young nation since its nationality was really complete in the twentieth century after the advent of radio) tends to focus on presenting us the cosmos in which life unfolds during those national formative periods, showing us the human side of history; which is not the same as the story of the state’s own official historic perspective. In the case of Cuba, the literature that has approached these issues – I’m thinking for example in Carlos Loveira (1882 – 1928) or Manuel Cofiño (1936 – 1987) – has suffered from telling the story of life from the positive or negative view of official discourse, or from the experience of the exclusive elites themselves. El Lirio del Prado (The Lily of the Prado) is in my opinion, the first Cuban novel which follows the story of a family, their trials, tragedies, and struggles for survival from the everyday life experience of the lower classes, of the drivers of the other project of a nation which has more or less imposed a culture but has not been established as a nation project.

El Lirio del Prado
El Lirio del Prado

The novelist, through family history, shows us the formation and development of a social subject as present and crucial to our socio-historical reality as it is unknown in its inner circles; the blacks and mestizos who, despite having behaved – due to their role in the wars of Independence- as the true patricians of the country, have always been disenfranchised, reduced to a caricature of comic theater, the maid, the offender, or the policeman of television programs. Reynaldo Fernandez Pavon turns this subject into his main character, and the historical and existential journey of this character into another view of Cuban history.

The author offers us a saga where the drama, the integrity of the human spirit, the creativity, the courage, pride and humanity lead us to the dimension of universality. The author makes use of historical time as a resource and substance for the novel, where the characters are almost always the narrators of their own saga.

El Lirio del Prado is, nevertheless, a great love story, or rather a great story of loves, and also the story of a great woman: Rafaela Alfonso.

Enrique Patterson
Essayist
Miami, Florida, June 2012.

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“El Lirio del Prado”, an story from the bottom of sensibility.

Evelyne Laurent-Perrault

Reading the first novel by Reynaldo Fernández Pavón “El Lirio del Prado” was a heartwarming experience, beautiful and refreshing. For the first time I’ve started re-reading a novel immediately after reaching its final page. I did not want to finish reading it!

In his narrative, the author presents a group of characters from various corners of the world come together for various reasons in the creation of what is now the Cuban society. Thanks to the magic involved in first-person narrative, the reader is left with the feeling of talking and “talking shop” with the characters in the novel. In an intimate and discreet at the same time, we discover in this dialogue adventures, trials, companies, fears and challenges of the plot unfold in which the lives of the protagonists, mostly women full of charm and courage.

El Lirio del Prado
El Lirio del Prado

 

In this literary work is coupled with the richness of being interwoven with aspects of the history of colonialism, independence and revolution of the first steps of republicanism Cuban, who sows the reader curious to learn more about the heroes who made it possible Cuba’s independence and to understand more fully the historical processes of the Caribbean nation. I think important to note that even though it is a novel, the experience of slavery and its aftermath in Latin American societies, from the perspective of men and women enslaved and Afro-descendants are reliable. These appointments coincide with the findings that are producing and documenting the contemporary research touch on the African Diaspora.

An important aspect that emerges from this literary work is the global reality that flows first in the formation of what we today know as Spain and then the formation of the Caribbean and Latin American region. Through these pages you can find ethnic and multicultural nature of the encounter between American cultures, Moors (North African), Indian, Spanish / European and African sub-Saharan Africa which is expressed mainly in the Caribbean, because the hundreds of thousands of Africans who were braided in this region during the time of the slave trade.

Finally, perhaps the most beautiful “El Lirio del Prado” novel is a very delicate and graceful hand leads us to explore in a very peculiar optical complexity of human feelings in a historical framework that is still under study and research. Reynaldo, Thanks for sharing this song from the sensibility!

Evelyne Laurent-Perrault
Ph.D. Candidate
NYU History Department
African Diaspora Program
Latin America and Caribbean Region

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Cuando los “otros” hablan

Por Enrique Patterson

La historia de Cuba puede leerse como el conflicto de dos proyectos de nación no cuajados. Uno excluyente e impuesto desde arriba, del cual no escapan muchos de nuestros próceres independentistas y los gobernantes sucesivos desde la época republicana hasta la fecha actual, y otro “que brota desde abajo” ―Fernando Ortiz― que toma su primera visibilidad histórica en 1812 con la conspiración de Aponte, y que, si bien no ha logrado plasmarse en instituciones democráticas representativas a nivel político, sí ha logrado ir conformando la sustancia de una cultura e identidad nacionales.

Asúmase que hago una lectura de nuestra cultura desde la perspectiva de cómo esos imaginarios de nación pueden rastrearse en ella, en sus disímiles géneros y manifestaciones culturales, y si bien esa cultura “que brota” se ha manifestado muy temprano y con fuerza en la música y la poesía. Es ahora que observo que comienza a ocupar un centro de gravedad en la, por otro lado, excelente tradición novelística cubana. La tardía aparición de este factor como tema central de la producción novelística (cuya presencia por lo general se ha presentado de manera subordinada, subsidiaria) tiene sus razones.

La novela como género literario, presupone una infraestructura económica e institucional mayor que la poesía, la pintura o la música y la relación del poeta o el músico con el público (mediada por el poder) es mucho más directa que la del novelista, casi siempre sometido a procesos de producción, distribución y consumo más condicionados por mediaciones sistémicas  de mayor complejidad que a las que se someten el poeta, el pintor o el músico, sin que por eso estén al margen de dichas mediaciones.

Una zona de la novelística de las naciones jóvenes (y Cuba lo es, pues la nacionalidad realmente cuaja en el siglo XX después de la aparición de la radio) tiende a ocuparse en mostrar el cosmos  de la vida en esos periodos formativos, mostrándonos el lado humano de la historia; que no es lo mismo que la historia de la formación del estado a lo que se reduce la versión de la historia oficial. Eso no significa, sin embargo, que en esa narrativa todos los grupos sociales que forman la nación tengan voz propia, ni que sus voces sean escuchadas. En esa novelística  casi todos los grupos sociales aparecen, son vistos, pero no siempre hablan con acento propio o son escuchados. Es lo que pasa con un personaje central de nuestra historia y en nuestra cultura, sin el cual no podríamos hablar de Cuba: el negro.

En el caso cubano, la novelística  que se ha acercado a los temas del surgimiento y conformación de la nación (y en eso incluyo lo mismo a Cirilo Villaverde, a Carlos Loveira, a Lezama Lima como a Manuel Cofiño) ha adolecido de construir un relato desde la óptica positiva o negativa del discurso oficial o desde la recreación, a veces genial, de la memoria afectiva de los grupos sociales dominantes,  y de sus alternativos discursos de identidad (Lezama Lima), pero desde la perspectiva de las élites excluyentes. Por eso creo que El Lirio del Prado, la novela del poeta, compositor y novelista Reynaldo Fernández Pavón, introduce una diferencia a considerar en el continente de la novelística cubana.

El Lirio del Prado
El Lirio del Prado

La novela de Fernández Pavón sigue la historia de una familia cubana, sus avatares, tragedias y luchas por la supervivencia desde la experiencia de vida de “los otros”, los preteridos, los de abajo, de esos portadores que, si bien no lograron implantar su proyecto de nación, si conformaron una cultura y que con cuya historia,  el autor de marras se propone desarrollar una novelística.

Pudiera leerse  El  Lirio del  Prado  como una  novela histórica, y en  cierto sentido  lo es,  pero sería una  lectura  limitada. La leo como la  reivindicación de la dignidad humana de los llamados  sujetos subalternos, como el  empoderamiento   testimonial de  los  caricaturizados, como  la    muestra  de la universalidad  de  aquellos   percibidos   como  bárbaros, como la  restauración  de  la  voz de  los tachados.

Y,  algo a considerar  en  este  caso, la  obra es más  una   novela-testimonio   que  de  ficción, pues  en  realidad se  trata  de la  historia  de la propia  familia  del autor. Rafaela  es…su bisabuela. Este enfoque   testimonial se  observa  en  la  propia  estructura de la  obra donde son  los  propios personajes quienes  hablan  y  que, al parecer,  todos fueron reales. Se trata  de nuestras  historias  no  contadas, del  silencio de  parte  de nuestro  propio  pasado familiar  e histórico. Lo  sé por la  cantidad  de historias  semejantes que  conozco, incluso  en  mi  familia, historias que-desgraciadamente- no  sabría contar. Dicho  de  otro modo: Mariana Grajales  no fue un  personaje excepcional, solo un  personaje muy   conocido.  Su rasgo distintivo no  fue su patriotismo (nuestro  siglo   XIX está lleno del  patriotismo  del que han carecido los siglos subsiguientes) sino su  irreductible  dignidad.  Es  lo  que vemos en Rafaela, y los otros personajes de la  novela.  Es su  tema  central.

Dicho  esto,  hagamos una breve mirada ―esquemática por  razones  de  espacio― en la   historia de la literatura  cubana,  y  observemos  como aparecen  dos personajes  centrales:  la negra  y  la mulata. Sí, en femenino. Pues el  autor  tiene  un  interés especial por  los personajes femeninos. Se trata de  darle  voz   a lo silenciado,  a lo tachado, ¿qué mejores  personajes que los afro descendientes femeninos? Donde  a la  vez se puede  dar  voz  a dos silencios  constantes en  nuestra  historia:  la raza y  el género.  Me  resulta  evidente que las  relaciones  raciales  y de género forman  parte de la  estrategia de la  narración.

Voy a  nuestra novela decimonónica  por excelencia,  Cecilia  Valdés.  Villaverde logra presentarnos un plano   social  abarcador del siglo XIX  cubano en el núcleo  donde realmente  se conformaba el carácter nacional, o sea, la  vida  urbana. El cafetal,  la plantación camera, son solo referenciales. Además, su personaje central es Cecilia, una mulata y negros, mulatos  y  blancos conforman los protagonistas de la novela. Villaverde, seguidor  del  naturalismo imperante, toma  la realidad tal  cual es, no  se podía  narrar la cubanidad  que surgía,  cercenando  alguna de sus partes  constitutivas y, además, el  mérito de Villaverde radica en  considerar  que los  afrodescendientes son centrales en  el  relato de la  formación de  la nación.  El personaje  central  es Cecilia, no Leonardo,  detrás de  Cecilia está  Chepilla y Cecilia aparece como  un epifenómeno. Hasta ahí llega Villaverde.

Nos presenta a esos personales subalternos  como  principales,  pero no  logra penetrar en  la  humanidad y dignidad  de los  mismos porque los ve desde fuera. Dan  lastima o pena, jamás  admiración. Los  describe, no los pone  a hablar desde una humanidad que acaso no les ve.  Sus personajes afrodescendientes carecen  de voz, son  sujetos presentes pero tachados.

Tomo prestado un  término  althusseriano:   en la literatura    cubana los afrodescendientes, como personajes, han sufrido el  mismo  proceso   de tachadura  del   sujeto,  que  han  sufrido en los  proyectos  políticos  de las elites dominantes.

Y lo  que es  peor, esos sujetos ―ya mutilados  en  la  literatura―  se han proyectado  como   arquetípicos modélicos a  los  que  se induce  que se debe copiar. En un ensayo  el  ensayista cubano  Reynaldo  González,   decía (sobre Cecilia y  la Mulata)  que es un  típico personaje  de  tragedia que  vivía  su vida como si   fuera una farsa. El drama es sofocleano: la bella mulata que ignora que se acuesta   con su hermano  y cuyo  final  conduce a una tragedia. Todos los elementos están  puestos sobre la mesa,   solo la estupidez o  la  superficialidad  le  impiden comprenderlo.

Llama   la  atención, la  influencia que  la literatura,  y la  educación, pueden tener en la formación  de personajes  típicos o  en  apariencia típicos de una  sociedad y que al poder, con  sus mecanismos, le  interesa  proyectar. Cecilia (el epifenómeno  blanqueado de Chepilla) se convirtió en  la  imagen  sublimada  del ideal  de belleza  y placer  del  macho  criollo:  vacía  y sensual,    concubina   y complaciente. De ella se deriva  la  “mulata del rumbo”,  la  cabaretera, ciertas prostitutas     republicanas  o  jineteras actuales.  La  pregunta pertinente no es si Cecilia  era un personaje real; !claro que hubieron   muchas  Cecilias  en  el  S.XIX! De  lo  que se  trata   es  si era  realmente un  personaje típico, o si  los  personajes  que  de  ella se derivan resultan  ser la imposición  que  las elites  culturales y políticas criollas han  impuesto como  patrón  que  se copia  y  se  repite.

Lo que estoy planteando  ―e   interpretó  que  el  autor  de  la novela  sugiere― es  que   culturalmente los  afrodescendientes han  sido “humanamente” tan tachados  en Cuba que, muchos  de sus comportamientos al parecer  típicos,  responden  al esquema  de la  mirada  racista  y  deshumanizada  de los otros. La  tachadura, como bien  vemos en  Villaverde,  no significa   eliminación. Por  el  contrario,  es  un  proceso en  el  que, a  la vez  que  se  muestra, se  cercena. El  otro  es presentado  pero a  la  vez  silenciado. No  se  le  permite   hablar,  se habla  en  su  nombre.

Espero que  algún   académico  acaso le  dedique una investigación a esta zona  de nuestra cultura, pues  este proceso  de tachadura  del sujeto  siempre  se  acompaña de la estrategia   de suplantación  de la voz, si es que  se  les permite  hablar. En  el caso  de  Lezama, en Paradiso,  el   otro, los negros cocineros  sólo   se  destacan por  su  función. Al  margen de eso son  seres silentes, algo  que  se le agradece  a  la honestidad intelectual  y artística  de Lezama:  si no  puedes  entender los  conflictos y la humanidad   del  otro,  mejor  no hablar  por  ellos.

Fernández  Pavón,  en   El  lirio  del Prado, deconstruye    esa  iconografía  históricamente distorsionada o  falsa,  y regresa  al  mismo siglo XIX de Villaverde  a narrar  en la novela la  saga real  de  su familia en la  isla  y  el mundo.  Son  historias  comunes pero  desconocidas.  Pero los problemas radicales se enfrentan por  la raíz.  El  personaje  principal es  Rafaela, el  correlativo  de Chepilla en Cecilia  Valdés. Y ahí  surge  un personaje  de dimensión universal, definido por  la consagración  al trabajo digno,  el  espíritu  emprendedor, la voluntad de superación,    el orgullo,  el amor a  la  familia,  la solidaridad,  la amistad  el apego a sus  raíces, la apertura a  lo  universal  y…. el perdón.

Además, no aparece  como  una historia excepcional,  sino bastante típica,  como  típica  es  la  tendencia  humana a la  superación y  el  progreso. El  autor  nos deja  con  un deseo de querer saber más. Nos revela lo escatimado, lo tachado. En este sentido Fernández Pavón es el anti Villaverde, y su novela,  la anti Cecilia Valdés.

No puedo dejar de referirme Al exquisito trabajo de esta segunda edición de la novela El Lirio del Prado, de la mano del poeta, ensayista y novelista Manuel Gayol. Algo que demuestra lo ya sabido, que detrás de un buen escritor hay siempre un buen editor, mucho más cuando el editor es un escritor ya conocido y destacado. Espero que el lector se quede con el deseo de continuar leyendo que me ha dejado la lectura de esta novela.  Es lo que ocurre cuando los otros hablan.

 

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