Y la gente se quedó en casa…

Este poema parece haber sido escrito para estos días en que la humanidad se encuentra en cuarentena, pero es de 1869, hace 152 años. Está tomado de “La Historia de Iza”, de Grace Ramsay, seudónimo de Kathleen O’Meara, escritora y biógrafa católica, irlandesa-francesa durante la era victoriana tardía. Era corresponsal en París de “The Tablet”, una revista británica. Los invito a leerlo para que de la sorpresa la meditación les invada.

Y la gente se quedaba en casa

Y leía libros y escuchaba.

Y descansó e hizo ejercicios

e hizo arte y jugó

y aprendió nuevas formas de ser

y se detuvo.

Y escuchó más profundamente.

Alguien meditó.

Alguien rezó.

Alguien estaba bailando.

Alguien se encontró con su sombra

Y la gente comenzó a pensar diferente.

Y la gente sanó.

Y hubo ausencia de personas que vivían

en una peligrosa ignorancia.

Sin sentido y sin corazón,

incluso la tierra comenzó a sanar.

Y cuando el peligro terminó

y las personas se encontraron,

lloraron por los muertos

y tomaron nuevas decisiones…

Y soñaron con nuevas visiones

y crearon nuevas formas de vida.

Y curaron completamente a la tierra,

justo cuando fueron sanados.

Cuando la tormenta pase

y se amansen los caminos

y seamos sobrevivientes

de un naufragio colectivo.

Con el corazón lloroso

y el destino bendecido,

nos sentiremos dichosos

tan solo por estar vivos.

Y le daremos un abrazo

al primer desconocido

y alabaremos la suerte

de conservar un amigo.

Y entonces, recordaremos

todo aquello que perdimos

y de una vez aprenderemos

todo lo que no aprendimos,

Ya no tendremos envidia,

pues todos habrán sufrido.

Ya no tendremos desidia;

seremos más compasivos.

Valdrá más lo que es de todos

que lo jamás conseguido.

Seremos más generosos

y mucho más comprometidos.

Entenderemos lo frágil

que significa estar vivos,

Sudaremos empatía

Por quien está y quien se ha ido.

Extrañaremos al viejo

que pedía un peso en el mercado,

que no supimos su nombre

y siempre estuvo a tu lado.

Y quizás aquel viejo pobre

era tu Dios disfrazado.

Nunca le preguntaste el nombre

porqué estabas apurado.

Y todo será un milagro.

Y todo será un legado.

Y se respetará la vida,

la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase,

te pido Dios, apenado,

que nos devuelvas mejores,

como nos habías soñado.

 

 

 

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Los últimos relatos por Manuel Gayol

Protohistoria invisible para la incertidumbre

                                              Poemario bilingüe de Reynaldo Fernández Pavón

Por Manuel Gayol Mecías

Nos hemos adaptado a las tinieblas porque de ellas es la luz…

—¿O no? —

“Un nuevo orden se aproxima”

Los últimos relatos

Reynaldo Fernández Pavón (compositor total: en lo clásico y lo popular y en estrecha armonía con la poesía) es un autor que gusta debatir la Historia, pero además y fundamentalmente, cuenta con una cosmovisión profunda y en muchas ocasiones la tiene presente en sus creaciones musicales y en la literatura. Me atrevo a decir que su pasión es la creatividad y que mucho de su interés humanista no solo se canaliza a través de la composición musical, sino además en su intuición histórica mediante la poesía. Y es esto último lo que nos ocupa debido a la publicación de su más reciente libro, Los últimos relatos (una selección de poemas suyos, publicada en Estados Unidos por Eniolá Publishing, 2020). Aun cuando su título parece hablar de narrativa, no es sino un conjunto de verdaderos poemas que desde una genuina perspectiva tropológica busca y encuentra la manera ideo-estética de contar una crónica invisible; digamos una leyenda que probablemente se conoce muy poco y cuyo sentido sí podría indicarnos un amplio y remoto proceso épico; proceso enfrascado en toda su extensión en una poética de “sentir y contar” su propio y particular (por diferente) modo de interpretar los entresijos secretos de la Historia oficial.

Toda poesía, en sus inicios, contaba una aventura, un testimonio y hasta el surgimiento de un mito, o dejaba, al menos, los rasgos de una acción legendaria en la memoria de los hombres. De ahí la Ilíada y la Odisea, por ejemplos. Por estas razones, en estos poemas que veremos aquí hay una marcada significación del despertar de la humanidad, de los valores y la sensibilidad del ser, de la necesidad sustancial de sugerir de dónde venimos, o al menos, crear cierto camino intuitivo del hecho sensible (o sea, para hacernos sentir) una rara inquietud protohistórica por nuestros ancestros. Es por ello que Fernández Pavón recurre a una potencialidad de la épica, que se esconde en la relación semántica, en la que el asombro radica en una exacta y enriquecida selección poética entre la metáfora y la conceptualización de su palabra. Esta posibilidad incurre en poemas que están imbuidos de una creativa experiencia que ha tenido mucho que ver con el proceso sociopolítico de su patria y de la humanidad.

Indiscutiblemente, como ya se ha dicho por el profesor y ensayista Enrique Patterson, estos bellos poemas de Reynaldo Fernández Pavón siempre han apuntado hacia una compleja cosmovisión del ser humano no solo como especie, sino también como individuo en cuanto a su proyección de una gran trascendencia. Es a bien decir, que estos poemas que conforman un conjunto sin fin, Los últimos relatos, buscan y encuentran el “más allá” de una Isla para resonar en un gran diapasón del mundo.

Pero ese “resonar” no es un simple escuchar de palabras en sonidos, no están siquiera sujetos por los límites del orbe. Es más bien la apoteosis de una intimidad henchida de gratitud por la vida. Es la composición total de toda una visión cósmica, que gravita entre nosotros con sus profundas necesidades humanas, pero que es imparable ante los extraordinarios sueños de libertad. Es lo que he llamado siempre “la utopía posible”; esa búsqueda de engrandecer más y más nuestra propia condición humana. Desde los griegos nos viene, y desde los sumerios encontramos los indicios de esta épica histórica, desde el Gilgamesh y su primer oponente y después amigo, Enkidu, cuando ya el hombre piensa en la inmortalidad para igualarse a los dioses.

♦♦♦

            La primera parte son “cantares” en el que se revela el origen. Lo primigenio del ser que habla muchas lenguas, que imita la grandeza venida del cielo: ángeles creadores que, según se sospecha, nos permitieron la vida. Esa multiplicidad, esa diferencia unida como paradoja inexplicable de lo nacido igual-distinto y enlazado en la genética de los dioses. ¡Oh, belleza!, ¿dónde está la luz que aún habita en mí? ¿Y las cabezas… las gigantescas cabezas de la primera Historia?, me preguntaría yo sobre las incógnitas de sus poemas, tal como siento ante esta deliciosa bruma del pasado:

Revela los cantares de tu origen.

Háblales en lenguas,

cuéntales de la ola de secuestros

y muéstrales las huellas del tráfico incesante;

a ver si el asombro los lleva de regreso,

al sitio donde los dioses se alejaron;

donde habita la luz que los condujo

hasta las tierras donde plantaron cabezas

(esculpidas con basalto.

[Fragmento de “Cantares”, I, p. 11].

            De este libro, ya desde esta primera parte de los “Cantares”, emana una atmósfera épica que nos acerca, con buen tino, a las travesuras imaginativas de los juglares, o quizás mejor: de los trovadores, que ya daban luz a la realidad-ficción de una epopeya o romance aparentemente invencionados para engrandecer al ser en su propio trasiego humano. Aunque no encontramos héroes explícitos en estos cantos de Fernández Pavón, sí percibimos un gran sentido de gesta que surge del sujeto lírico (porque elegíaca es la emoción que nos trasmite) en todo lo que nos advierten sus versos. Y, de hecho, porque la heroicidad se encuentra en la humanidad de su palabra, en la belleza de sus imágenes. Más que comentarios —nos insinúa ese protagonista enigmático— son señalamientos de lo que ha pasado en la vida humana, y al usar la segunda persona del singular, nos advierte cómo reconocer que todas las cosas tienen sus memorias, sus semblanzas, sus crónicas:

…los ámbitos donde nacieron las incandescencias,

la escritura cuneiforme y el accidente.

Después de la contracción,

todo podría ser absolutamente igual,

o absolutamente diferente.

No han existido números semejantes.

Los auxiliares no han vuelto a visitarnos.

Después de andar la tierra y de cercarla,

los guardianes volaron en los querubines,

tú los convocaste por sus nombres y sus conocimientos

que se refractan en la profundidad de todas las cosas.

[Fragmento de “Cantares”, I, p. 14].

             Estos “cantares” nos dicen de algo muy remoto, pero donde ya la inteligencia del ser humano iba tomando su camino. Es decir, algo que podría venir de la protohistoria. La conciencia entonces tendría sus proyecciones, específicamente su cosmovisión luminosa. El ser iba mitificando las realidades corpóreas a su alrededor y los ángeles caídos de una región lejana del Sistema Solar eran convertidos en dioses que recreaban al hombre a modo de sumisos laborantes a los que se les dejaban —tal vez sin querer— los genes de la barbarie:

¡Ay de las criaturas terrestres!

¿En qué momento fracasó el experimento?

¿A la imagen de qué barbarie

fue creada la cultura de la muerte?

Fe que se renueva segando vidas;

parece como si nunca, nunca,

colmara su sed.

[Fragmento de “Cantares”, IV, p.19].

            Quizás estos fueron los seres, ya de alguna manera humanizados, que dieron lugar a Sumer, que construyeron ciudades (Uruk, Ur, Eridú, Kish, Lagash, Uma, Nipur y tantas más) y propiciaron la cultura mesopotámica. Quizás solo fueron seres que habitaron en el inconsciente de Fernández Pavón, pero que por tales también se arrebujaron entre los escombros de una secreta primera civilización, que solo ahora podemos tener en cuenta a través de tablillas de escritura cuneiforme, donde ángeles caídos se convierten en dioses y diosas; diosas que mucho tienen que ver con el alma mater de nuestra auténtica nascentia, con sus dos naturalezas: la divina y la humana.

De las divinidades nos viene una mujer universal y renace en las “Iluminaciones” de estos poemas. Es una segunda parte en la Historia de los seres de este mundo. Es la gestación del ser por nosotros mismos. Es la mujer la gran progenitora de todas las potencialidades y posibilidades. Nuestra verdadera diosa de la fertilidad, de la creatividad. Conciencia de nosotros como los seres que ahora caminamos por la fe, sin la mano de los dioses. Los ángeles caídos nos abandonaron, pero quedaron nuestros propios pasos, el aliciente de la utopía hacia adelante. Nuestra propia lucha contra la Nada, contra la sed de la sangre y el fracaso del experimento. A partir de nuestra grandiosa madre en su sublimidad, nosotros, todos, renacemos al dolor y a la esperanza.

… ¡Ah, la fruta prohibida!

¡Ah, los temblores del parto

y la simiente donde amaneció la existencia!

Así, a pesar de los quebrantos,

sobrevive la memoria en estertores…

Misterio del Universo:

En ti se han gestado las creaciones

como semillas sedientas en una siembra de credos;

y surges tú de las profundidades.

¡Oh, magnífica maga que te vuelves anhelos!

¿Qué sería de la vida sin tu aliento prodigioso?

Una gran pena en silencio.

             [Fragmento de las “iluminaciones” I, p. 21].

            Del renacer, y por la misma salida del Sol, “hay que amanecerse”. Y siento que mi “canto viaja con los navegantes de Gadir” (y da lo mismo Eritrea, Gadeira o Islas Gaditanas), que vayamos todos a “reposar en las esteras de Olissipona y Canea”. Porque “te hablan por mí las voces de la antigua Varanasi, / la sensualidad de Damasco, los caracoles de Jaffa”. Ciudades importantes que en ocasiones dejan rasgos en el corazón. Como toda buena literatura, los poemas principalmente son un viaje a la Imago, y así los lugares se identifican con la belleza de sus imágenes. Porque el mundo, la Historia y los recuerdos ancestrales también son imágenes, quedan como imágenes que brotan del subconsciente, a veces como flores, otras como espinas relucientes de tanto filo. Las subtituladas “Iluminaciones” perfilan el viaje que indudablemente conduce a la “inmortalidad”. Porque es un viaje sin tiempo, “en la coordenada del nunca-jamás. /Este tránsito acontece/ en el mapa de la transmigración” [“Iluminaciones”, V, p. 25].

Ese interlocutor con que cuenta el sujeto lírico es la mujer soñada, la mujer que anda por todos los corredores memoriosos del poeta; es la mujer onírica que como la diosa Innana se fija en su mente como un único tiempo de eternidad:

Regreso una y otra vez a los papiros.

Las auroras conducen a estertores espléndidos.

Los arcanos extienden sus alas.

Ríos tendidos sobre las sienes

acompañan la algarabía de la noche

y la cadencia crepuscular toca los labios

para propiciar eternidad.

La creación se multiplica

En visiones de sueños compartidos.

Ámbito donde los collares rodean las caderas

                                     (y la vida danza.

[Fragmento de “Iluminaciones”, VII, p. 27].

♦♦♦

            En la tercera parte, “El verso continuo”, los hacedores de la alquimia resaltan la magia de ciudades festivas, con nuevas tabernas de peregrinos, donde las miradas furtivas a veces dicen más que las chácharas mundanas, “de disquisiciones y rezos”, de las lenguas antiguas, remotas, crepitantes de sonidos y risas, recordando los abetos, “las fábulas y los cimientos…”. Exactamente es eso: el fecundo sonido del verso, imparable, como “luz de hoguera”. Y la poesía, sí, “¿cómo va la poesía?”. Y desde lo cotidiano, como un coro griego, muchas voces responden al unísono: “como un personaje”. Divina poesía que se destila en versos y forma poemas como canciones. El autor se adentra en su propia creación, más que todo en su propia emoción. Su decir que ahora ha pasado de lo remoto y secreto de las ciudades perdidas a los vientos íntimos del corazón. Es entonces, más bien ahora, el individuo en su palabra. ¿Qué recuerdo le ha traído esa “actriz que se acostó con la gloria, y despertó en medio de un pantano?”. ¿Qué personaje de su historia íntima cobra vuelo en el reino de las nuevas imágenes? Esa mujer que crece en las obsesiones de las pupilas es un aliciente sacado de la Nada, o del aparente Vacío, donde a pesar de lo inexplicable el autor invenciona el aire, las moléculas del aire que se procrean en sus manos y surge la belleza transparente de la mujer universal. En los poemas, las letras semejan gotas de agua, y se escucha el ritmo de la lluvia llenando la fuente. Aquella fuente que, por no tener, tenía un pez que escupía el agua, y los versos, en la superficie, formaban un espejo, donde los rostros se limpiaban de viejos pesares. Y en el patio central de la vetusta mansión, “la soledad es umbral del conocimiento”. Son los poemas que surgen de Ur, del sur de Mesopotamia, de aquellas regiones de carruajes voladores, con las siluetas encantadas y gigantescas de los ángeles caídos:

Las doce tumbas de piedras y ladrillos serán mostradas,

Con gemas de los soberanos de Ur

Entre hojas de sauce,

Allende los territorios donde nació Abraham

Y la caja de resonancia de esa lira,

Convertida en estandarte;

Vibrará en los carros alados.

[Fragmento de “El verso continuo”, VIII, p. 36].

            La cuarta parte, como “Retorno del ocaso”, habla del Padre, que no podía faltar. Ha sido una de las obsesiones afectivas del autor. Su padre prisionero de una dictadura diabólica. Desde el primer poema, todo en esta parte es conmovedor. El hijo convoca la imagen dorada de su progenitor. En realidad, no hay otra luz que no sea la de su propia sangre; una luz que se ahonda cada día del mundo, porque está hecha de amor y conocimientos. Es un dolor estremecedor porque habla de la soledad, del “insondable asombro del silencio en que te perdí”. El padre fue la cúspide de sus ilusiones y lo perdió entre las prisiones, las granjas y la vida misma en el espacio-tiempo de este mundo. Se hace inevitable el leer estos versos:

Padre,

no pude mencionarte antes,

las palabras se fueron colapsando

en las granjas de tu prisión.

Desde entonces trato de encontrarte

en calles de ciudades de las que nunca debiste regresar.

En el banco de los acusados dijiste:

—Hijo, la vida no es más que un breve diálogo

De una puesta en escena.

Padre que estás y no estás:

¿Cómo continuar el viaje?

¿A qué ciclo corresponde este sitio

donde acontece mi antes, mi después?

[Fragmento de “El retorno del ocaso”, I, p.41].

Su padre no solo representa el amor de su familia, incluso la madre buena y grandiosamente humilde que languidece en la Isla, sino que fue el Maestro de sus aspiraciones de los misterios históricos y axiológicamente humanos. Mientras su madre, creadora en todos los sentidos, significa lo nacional, su fuerte amor por lo telúrico, el padre es el universo en sí mismo, es el sendero de la imaginación heroica, es el romántico regreso a los orígenes. Y es por lo que surgen los asombros del planeta: la protohistoria invisible, las aventuras no contadas por los escribas oficiales, los hallazgos de las tumbas y monumentos, la enigmática procedencia de los faraones, los carruajes de fuego descendiendo entre las nubes, las pirámides alineadas con las constelaciones y entre tantas y tantas sospechas de otros mundos. Del Padre al Universo:

Tu rostro convertido en recuerdo,

la conversión de los mapas,

la quema de los códices,

los rollos del mar muerto,

los templos sepultados,

los incendios de Alejandría,

los ismos,

el culto a la ignorancia,

me aferran a tus pechos.

[Fragmento de “Retorno del ocaso”, V, p. 46].

            Los ojos rasgados de una gitana tropical influyen en este poeta, conocimiento que lo atrae en las obras de Víctor Manuel; gitana del mundo con su sensualidad moderna que resalta de pronto en uno de sus poemas. Pero al mismo tiempo es imposible que el poeta en sus versos olvide El rapto de las mulatas, de Carlos Enríquez. El voluptuoso hedonismo cubano se refleja en un violento movimiento de sueños que sobresale de los dos nombres de esos universales pintores mencionados. Y su poema gana con el entrelazamiento poético de esas pinturas oníricas; de esos momentos que se hacen eternos:

¡Ay, Víctor Manuel!

Si pudieras extender tu abrazo,

tus ojos en este espacio,

tu delgada figura por estas calles,

inclinando tu sombrero bajo el Sol,

sobre el cariño en vida de estas ciudades hembras.

[…]

¡Ay, Carlos Enríquez!

Ojalá pudieran raptarse estas imágenes

y volcar en color sus transparencias.

Si hubieran visto estas siluetas

en las entrañas mismas del encanto,

habrían querido compartir estas alucinaciones.

[Fragmento de “El retorno del ocaso”, X, pp. 51-2].

♦♦♦

Los “Versos de la siega” conforman una quinta parte no venida a menos, sino por el contrario enriquecida paradójicamente en su brevedad. Es como la ascendencia ya en la cúspide. El mirar desde arriba todo lo escrito. Los tres poemas que componen la “siega” es el quehacer de una metapoesía. El accionar, el recomponer las ideas pasadas envueltas en la bruma de la poiesis, la sublimación del tropo con el significado-otro de nuevas palabras para reafirmar lo acontecido. Es del ser al ser-otro. Es la creación y el cambio; el movimiento de lo nuevo, y más cuando proclama a su persona: una poiesis del alma. El poema entonces permite la transformación del sujeto lírico, del sentirse necesitado de “sentir” en palabras, de sacar su verdad del pecho y penetrar, poéticamente, en los secretos del hombre. Es un señalamiento para renacer y recordarse a sí mismo que uno, independientemente de ser creador, pertenece a la legitimidad de este mundo.

Nacidos de un proto-pueblo

las visiones danzan el adagio de lo ignoto,

imágenes que dan paso a toda forma.

Desarmonía que se refracta,

percepción de los sueños

cuando cambio los epítetos.

Al ritmo de voces sonando a elegía

tomo la imagenería terrestre,

el símil transfigurado en acordes,

los armónicos celestes,

y la morfología que se asoma

como si hubiese sido antes

reminiscencias de las letras

paso de las gestas,

sentido de la transmutación,

belleza fundida en cadencia,

sin principio, sin definición…

[Fragmento de “Versos de la siega”, I, p. 54]

Hay como una receta en la búsqueda de su propia creación. Al Poeta le interesa la exactitud de sus sentimientos, aun cuando muchas veces el alma se desborda más allá de uno. Los versos se precisan en “la fugacidad, / la recurrencia, / la fragilidad, / las derivaciones / y el flujo de los ciclos; / creando territorios.”. Sin embargo, más puedo decir: los versos vuelan plenos de sugerencias. Las palabras, en verdad, indican sutilmente caminos secretos, dimensiones primigenias de un resonar psíquico. La imaginación del Poeta, intuitivamente, busca otras lecturas de la Historia, incluso, se abre a sí mismo para dar una parte de su biografía más íntima y continua con el símbolo femenino y maravilloso de la vida. Además, recompone su interés pictórico, su reconocimiento a figuras señeras de la pintura cubana, la sensualidad moderna de una mujer genérica, única en su diversidad.

♦♦♦

            Es como si este hermoso poemario terminara con una conclusión de sí mismo, en esa última quinta parte, al menos, en fragmentos de los dos penúltimos poemas, lo que podríamos llamar una metatextualidad poética como autorreconocimiento de lo que se ha propuesto el autor. De aquí “Los versos de la siega”. Pero al mismo tiempo, a esto se vincula una intención de oráculo, vaticinio o augurio que habla de la revelación en estos nuevos tiempos, cuando la Historia se abre, por fin, y se develan secretos social y políticamente guardados, que ya la tecnología y la ciencia los han puesto en la palestra pública. Entonces, el ser humano se dejaría ver en toda su debilidad, o en toda su fuerza de redención. Quizás el pánico, tal vez la resignación de un porvenir sin soledad. O incluso la alegría de haber sabido siempre que hay algo más; o que el acontecer anterior no vino a ser sino una manera cobarde y oportunista para no aceptar nuestra verdadera e ínfima naturaleza; o que la libertad es una ley universal, o, todo lo contrario, que ha sido un disfraz de viejos tiempos, o algo que no tiene asidero, ni razón de ser ante los dioses. Y que, de hecho, desde una incertidumbre humanista nos habrá de afectar. Cambios vendrán, parece decir, y un nuevo espíritu de época nos acecha en el recodo de una cercana esquina. La incertidumbre es el colofón de Los últimos relatos:

Los unos se alejan de los otros.

Las ciudades se pueblan de silencio.

Los poderes palidecen.

Se suceden avisos de destierros.

Se han quedado mudas las voces en las redes.

Caen derribadas las pancartas.

El egocentrismo abre los ojos de impotencia.

Atrincherada, detrás de las fachadas,

la perplejidad sin respuesta.

[Fragmento de “Versos de la siega”, III, p. 57].

 

Manuel Gayol Mecías
Director y editor de 
Palabra Abierta Ediciones
Miembro del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio
Miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.

 

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La Cuba del pasado, un tema inevitable.

Por Reynaldo Fernández Pavón

Muchas personas me han solicitado datos que les permitan comparar la Cuba de antes de 1959 y después de instaurado el sistema socialista en 1961. Publicamos a continuación algunos datos que pueden ayudar a establecer esta comparación y el análisis.

Cuba fue la primera nación de la América hispana que utilizó máquinas y barcos de vapor en 1829 y fue la primera nación y la tercera en el mundo (después   de Inglaterra y E.U.) que tuvo ferrocarril en 1837.

En el siglo XIX La Isla Mayor de las Antillas se convirtió en el primer productor y exportador mundial de azúcar y de sus derivados, Europa y los Estados Unidos eran los mercados principales, los niveles de producción se sostuvieron hasta la década del 50 del siglo XX, había gran demanda de azúcar, y Cuba podía surtirla.

Fue un cubano el primero en aplicar anestesia con éter en Iberoamérica en 1847.

La primera demostración mundial de una industria movida por electricidad fue efectuada en la Habana en 1877.

En 1881, el médico cubano Carlos J. Finlay descubrió el agente transmisor de la fiebre amarilla que diezmaba a la población de la época e indicó su prevención y tratamiento.

El primer sistema de alumbrado eléctrico público de toda Iberoamérica (incluyendo a España) se instaló en Cuba en 1889.

Entre 1825 y 1897 España recibía de Cuba entre el 60 y el 75 por ciento de todos los ingresos brutos del exterior.

En Cuba fueron abolidas las corridas de toros antes de terminar el siglo XVIII, por ser “impopulares, abusivas y sanguinarias con los animales”.

La extraordinaria voz de la soprano cubana Rosalía (Chalía) Herrera, famosa en la ópera, fue una de las primeras en el género lírico que se grabaron en cilindros y placas de discos.

El primer tranvía en Latinoamérica circuló en la Habana en 1900 y en ese mismo año, antes que en ningún otro país de Latinoamérica llegó a La Habana el primer automóvil.

El esgrimista cubano Ramón Fonts fue el primer deportista latinoamericano en obtener una medalla de oro olímpica En 1900.

La primera ciudad del mundo en tener telefonía con discado directo (sin necesidad de operadora) fue La Habana en 1906 y en 1907 se estrenó en La Habana el primer departamento de rayos X de Iberoamérica.

El 19 de mayo de 1913, en el aniversario de la muerte de José Martí se realizó el primer vuelo latinoamericano por los cubanos Agustín Parlá y Domingo Rosillo, el cual duró 2 horas y 40 minutos entre Cuba y Cayo Hueso.

En 1915 se acuña el primer peso cubano con un valor desde el primer día idéntico al del dólar, y en ocasiones, hasta 1959, sobrepasó el valor del dólar norteamericano.

Cuba fue el primer país de Latinoamérica en conceder el divorcio a parejas en conflicto en 1918, al promulgar esa ley.

El primer iberoamericano en ganar un Campeonato Mundial de Ajedrez fue el cubano José Raúl Capablanca, siendo a su vez el primer campeón mundial de ajedrez nacido en una nación del Tercer Mundo. Capablanca mantuvo el cetro de Campeón Mundial entre 1921 y 1927.

En 1922, Cuba se convirtió en la segunda nación del mundo en inaugurar una emisora de radio, la PWX, la primera nación en radiar un concierto de música y en crear un noticiero radial. La primera locutora del mundo fue una cubana: Esther Perea de la Torre. En 1928 Cuba contaba con 61 emisoras de radio, 43 de ellas en la Habana, ocupando el cuarto lugar del mundo, superada por Estados Unidos de América, Canadá y la Unión Soviética.  Cuba llegó a ocupar el primer lugar del mundo en número de emisoras por número de habitantes y extensión territorial.

Cuba se convierte en la mayor exportadora en Iberoamérica de Libretos y grabaciones de programas radiales en 1935 y el cubano Félix B. Caignet crea el género de Novela y series radiales.

Cuba decreta por primera vez en Iberoamérica la Ley de Jornada Laboral de 8 horas, el Salario Mínimo y la Autonomía Universitaria en 1937.

En 1940, Cuba es el primer país de Iberoamérica en tener un presidente de color, electo por sufragio universal y por mayoría absoluta.  En esto se adelantó 68 años a los Estados Unidos y en el mismo año, Cuba aprobó la más avanzada constitución de la época.

Fue el primer país de Ibero América en reconocer el voto a las mujeres, la igualdad de derechos entre sexos y razas, y el derecho de la mujer al trabajo. El primer movimiento feminista de Iberoamérica apareció a fines de los treinta en Cuba. Se adelantó 36 años a España la cual no le reconoció a la mujer española el derecho al voto, la potestad de sus hijos, ni derecho a tener un pasaporte o abrir una cuenta de banco si no era autorizada por su marido, hasta 1976.

En 1942, el cubano Ernesto Lecuona se convierte en el primer Iberoamericano Director Musical de una productora cinematográfica mundial y fue el primer latinoamericano que recibió una nominación al Premio OSCAR.

La primera mujer iberoamericana que cantó en La Scala de Milán fue la cubana Zoila Gálvez en 1946, la segunda fue Marta Pérez en 1950.

Cuba fue el segundo país del mundo que emitió formalmente un programa de televisión. Desde 1950 los artistas de mayor fama internacional viajaron a La Habana a actuar ante las cámaras de televisión. En 1951, un cubano se convierte en el Productor más célebre de la televisión norteamericana: Desi Arnaz, siendo el primero en el mundo en usar una tercera cámara en programas televisivos.

En 1951 se construyó en La Habana el primer hotel del mundo con Aire Acondicionado Central: El Hotel Riviera, y en 1952, se construye el primer edificio de apartamentos del mundo con hormigón: El edificio Focsa.

Durante los años 1954-1955, Cuba poseía una vaca por cada habitante y ocupaba el tercer lugar en Iberoamérica -tras Argentina y Uruguay- en el consumo de carne per cápita y es el segundo país de Iberoamérica con menor mortalidad infantil. (33.4 por cada mil nacidos vivos).

La ONU reconoce a Cuba como el segundo país con los más bajos índices de analfabetismo en 1956, (23.6%). Haití tenía el 90%, España, el Salvador, Bolivia, Venezuela, Brasil, Perú, Guatemala y República Dominicana el 50% y en 1957 la ONU reconoce a Cuba como el país de Ibero América con mejor índice de médicos per cápita (1 por cada 957 habitantes), con el mayor porcentaje de viviendas electrificadas (82.9%) y viviendas con baño propio (79.9%) y el segundo país -detrás de Uruguay- en el consumo de calorías per cápita diario: (2,870). En este propio año La Habana se convierte en la segunda ciudad del mundo en tener cine de tercera dimensión y multipantallas (El cine Radiocentro). En 1959, la Habana era la ciudad del mundo con el mayor número de salas de cine: 358, superando a Nueva York y París, que ocupaban el segundo y tercer lugar respectivamente.

Cuba es el segundo país del mundo en difundir programas de televisión a color y es el país de Iberoamérica con mayor número de autos circulando (160,000, uno por cada 38 habitantes) y con más kilómetros de líneas férreas por Km2 en 1958 y es el país que más electrodomésticos poseía y el segundo país en el número total de receptores de radio per cápita entre las naciones de la América Latina.

En la década del cincuenta, Cuba ocupó el segundo y tercer lugar en ingresos per cápita de Iberoamérica, superando a Italia y a España. A pesar de ser un país pequeño y que sólo tenía 6.5 millones de habitantes ocupaba en 1958 la posición 29 entre las economías del mundo y la balanza de pago estaba a favor de La Isla con respecto a naciones como Inglaterra y los Estados Unidos de América.

Por estas y otras realidades históricas, la primera consigna económica de la Revolución en 1959 versaba:

“Consumir Productos Cubanos es hacer Revolución…”

 

 

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Deseamos éxitos a los lectores en el 2,021

Eniola Publishing y Eniola Records LLC les desean un feliz fin de año 2020 en unión de sus familiares y amigos, y un 2021 con salud, paz, amor y prosperidad, y les agradecemos cada minuto que hayan dedicado a nuestras páginas sobre música y literatura.

Les prometemos hacerles llegar más temas de interés y con mayor calidad.

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La Soledad Histórica y otros ensayos – ¡Pronto!

La Soledad Histórica y otros ensayos

 

Eniola Publishing propone a los lectores un libro que trata de temas fundacionales, “La Soledad Histórica y otros ensayos” del profesor Enrique Patterson.  Una obra audaz, conversado en voz alta, a contracorriente de la historiografía republicana primero, y la castrista después.

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1959. Cuba el ser diverso y la Isla imaginada

Presentan en Miami el libro 1959. Cuba el ser diverso y la Isla imaginada

del escritor Manuel Gayol Mecías

El hecho de ser cubano es una broma muy seria, incluso es un juego profundo de identidad. Desde hace muchos años, la “cubanidad” anda desperdigada por el mundo, afectando o favoreciendo a otros lares y, al mismo tiempo, enriqueciéndose, por la aculturación y la transculturación. Pero algo que refleja todo esto, y de lo que nunca se ha hablado, es la imagen que ha desprendido el cubano a lo largo de su historia, debido a su carga psicológico-imaginativa que muchas veces ha llevado al cubano a confundir la realidad concreta: su entorno, su sociedad, la política misma con una espejidad imaginativa, a veces de profunda negatividad humana.


La intuición
Para hablar de la imaginación hay que proyectar las ideas mediante la intuición. No creo que de otra manera pueda analizarse (aun el hecho de realizar indagaciones) el mundo imaginario que rodea la dimensión profundamente psicosociológica de las personas, más específicamente un ser tan sui generis como el cubano, por la hibridez de su genética, por su traumática historia de guerras, dictaduras y corrupciones y por su complejidad egotista (racional e irracional) que se imbrica en una relación de imaginación-realidad corpórea.
En este libro se intenta entonces a través de la intuición, como discurso catalizador, obtener la posibilidad de un acercamiento a ese mundo, en ocasiones misterioso y mágico, de este caribeño insular que es el isleñis cubichi.
Espejismo versus realidad corpórea
Una lectura continuada, de años, digamos, sobre una gran diversidad de temas cubanos, nos llevaría (al menos, pienso que a mí me llevó) a darnos cuenta de que el cubano es muy imaginativo y de rapidísima chispa, pero también —en un cercano sentido a su naturaleza— es contradictorio, paradójico, incluso, y deja de ser pragmático para deslizarse entre los oropeles políticos de una imaginación nada sustentada por una realidad corpórea. Y esto es un problema tan grave que nos llevó, en los inicios de 1959, a confundir promesas, ilusiones y medias verdades con una supuesta realidad que casi nada tenía que ver con el verdadero (y físico) entorno que se estaba llevando a cabo en la Isla. De aquí que mientras los discursos del “Máximo Líder” hablaban eufóricamente de hipotéticas terribles cosas que habían sucedido en el pasado e incluso durante la guerrita librada contra el ejército batistiano, y nos daba —promesa tras promesa— grandes proyectos de futuro, en la realidad física y contextual de toda la Isla se hacían, constantemente, juicios amañados, sin garantías, se apresaban personas arbitrariamente y se fusilaban a cientos de ellas, sin ningún tipo de miramientos. Es decir, los discursos, las promesas, los proyectos eran todo un conjunto de imágenes que iban poco a poco estructurando un Espejismo gigantesco, que después se vino a conformar con cinco primeros mitos que en mi libro alcanzan —a mi modo de ver— la categoría de fundacionales:

Los mitos
—El mito de Robin Hood
—La Isla de la Utopía
—El mito bíblico de David contra Goliat
—La Isla bloqueada por el Imperio
—El mito del Invencible Comandante en Jefe

Los defectos
Indiscutiblemente que el cubano posee grandes virtudes, pero hasta ahora no he podido leer su aceptación de los defectos que tenemos, que también son unos cuantos, y que entre ellos pende —como espada de Damocles— la fácil transformación hacia un ego irracional. De mi libro extraigo entonces este fragmento:
A mi modo de ver, nuestra identidad es indefinida por algunas razones que a veces pasamos por alto, y ha sido así por lo inmerso que hemos estado en el asombro de esas virtudes que siempre nos identifican. Pero si hacemos un esfuerzo y nos salimos del álbum que colecciona las eficacias de nuestros egos, entonces es probable que encontremos el camino para un acercamiento más cabal a la realidad de saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

Los orígenes
Si estas tres preguntas pueden ser universales, en nuestro caso específico son imprescindibles, pues para contestar la primera no tenemos que pensar que venimos de otra tierra o de otro planeta, sino que debemos analizar nuestros valores genéticos. ¿De dónde venimos?, pues, venimos de una hibridez original, y, al mismo tiempo, una mezcolanza de hibridez muy diversa, digamos: españoles y nativas; españoles y negras africanas y españoles y chinas, o más tarde en el tiempo, con mucha seguridad de mulatos y chinas o chinos y mulatas; o mulatas (tos) con blancas (cos) españoles y así de diversidad en diversidad. Posteriormente, con los años, el criollo se fue fundiendo con otras razas, muchísimas razas, que se iban asentando en Cuba. Por otra parte, y hasta nuestros días, el cubano también se ha repartido arbitrariamente por el mundo y está dando nacimiento a nuevos tipos de híbridos.
Por eso, realmente, pienso —y esto lo planteo más ampliamente en el libro, cuando me propuse pensar en quiénes somos— que no tenemos una identidad definida, sino indefinida. Sería, supongo, una identidad en progreso, debido al cruzamiento tan rápido que siempre hemos tenido a causa de la aculturación (primero) que hemos hecho en otros países; a la aculturación (también primero) que han hecho los extranjeros que históricamente se han residenciado en Cuba y (después) la transculturación que tanto le ha ocurrido al cubano fuera de la Isla como a los de otros países que se han quedado a vivir en ella, en todo el proceso que va desde la Conquista, la Colonia, la República y por último la dictadura castrista.
¿Hacia dónde vamos? Pues no sabemos. Nadie puede decir ni predecir qué seremos. Hemos cambiado mucho y seguiremos cambiando. El cubano, por su indefinición, es y será un ser impredecible, como impredecible sigue siendo el estado de cosas en la Isla. Después de 60 años de dictadura, ni aun cuando se desmoronara esa satrapía castrista y castrense. Ni aun cuando se demolió el Muro de Berlín se pudo predecir lo que iba a ser el cubano.

Evolución-involución
Otro asunto que se activa en el libro es lo de la evolución del cubano: evolución en espiral que procede desde la Conquista. Claro es un proceso lento, porque es una pulsión genética que cae dentro de todo ritmo biológico mediante el tiempo; o sea, su decurso. La evolución del cubano ha ido desde la ignorancia y la incultura (habría que leerse El alma cubana, de Fernando Ortiz, uno de los grandes pilares para este libro, y también, por supuesto a Jorge Mañach y otros) hasta un desarrollo muy positivo durante todos los años de la década de 1950 y que vino a pararse en el exacto año de 1959, cuando a partir de la supuesta Revolución surgió la Involución, y la espiral se fue hacia atrás como un verdadero viaje a la semilla.

Su historia del miedo
Otro tema más en el libro es la historia del miedo en el cubano. Miedo que viene desde la Conquista, cuando los españoles pusieron a trabajar frenéticamente a los indios y también trajeron una cantidad de virus y bacterias que fueron diezmando a la población nativa y, fundamentalmente, por la brutalidad del trato que el conquistador empleó contra el nativo. Este miedo se expandió con la vida miserable de la población esclava, con el temor de los mismos colonos a una rebelión de negros. Con el miedo en las dos guerras de los mambises por la independencia: puro pánico hubo ante la Reconcentración de Valeriano Weyler; el pavor, la alarma y el susto ante las pandillas y gánsteres, y las pequeñas guerritas de la República y, por último (bueno, hasta ahora) el terror, el sobresalto, el recelo, la aprensión y desconfianza, la turbación, el desasosiego y la cobardía durante todos estos 60 años que ha sufrido el apaleado y cambiante pueblo cubano por parte de la dictadura castrista.

Paradoja de suicidio y vida
(Esto es tomado textualmente del libro)
“En mi criterio, y aun reconociendo que el atentado contra la propia vida cuenta con parte constitutiva de la herencia histórica y además por la fuerte influencia del medio, pretendo inducir la idea de que en realidad pudiera existir un elemento más en la psiquis del cubano que, al sumarse a los anteriores contextos que mencioné (el económico, político y social), acelera la depresión a extremos inusitados y reactiva los deseos de morir, de autodestruirse, y es la actitud fatal de la autosuficiencia (claro, hablo de una autosuficiencia temperamental bastante pronunciada y negativamente desgastante, una autosuficiencia colmada de apasionamiento, de instintos y nada de cordura). En otras palabras, hablo del desbocado ego irracional”.
“Esta actitud forma una tendencia a creernos centro del mundo, ser egocéntrico, en mucho es el sentimiento exagerado de ser uno mismo por encima de los demás, y que nos distorsiona, nos desarticula, esa otra imaginación resplandeciente que alguna vez se alcanzó (en un proceso que principalmente podría tomar desde después de la Segunda Guerra Mundial y toda la década de 1950), y que formaba parte de lo mejor de nuestra naturaleza humana y de nuestro espíritu108“.
“Un estado de ser psicológico, pues el desmoronamiento se puede tornar en algo catastrófico; algo que sucedió y desajustó el control imaginativo real que teníamos del mundo, para llevarnos entonces a buscar el cero de la existencia”.
El internacionalismo y el ombliguismo del mundo
“En este tópico, interesantísimo, hay que recurrir a una esclarecedora conferencia de Carlos Alberto Montaner, “Cuba, intervencionismo y pretencionismo”116. Aquí, este analista político hace un recuento exacto y muy singular dentro de la historia cubana, para destacar una buena cantidad de eventos que contribuyeron a formar ese temperamento injerencista del cubano; aunque no creo que, de todos los cubanos, pero sí de una importante cantidad de los mismos, que hasta hoy en día —en mi criterio— no ha sido tomado muy en cuenta por los historiadores y sociólogos”.
“En su conferencia, Montaner deja bien claro este afán del cubano en participar en cuanto suceso internacional importante tuviera lugar, y donde la Isla pudiera involucrarse, como un factor decisivo de hazaña histórica, para conformar así otro de los rasgos que llegarían a definir más su aspiración de ser centro de los conflictos mundiales; protagonismo que le viene de España desde el siglo XVI, por la importancia que tuvo la Metrópoli en numerosos acontecimientos de carácter mundial, y que fueron implicando a los nacientes cubanos a través de distintas etapas de su historia”.
“El internacionalismo así no es otra cosa que una manera más de manipular el ego, cuando este se inclina hacia lo irracional. El ego racional de una buena cantidad de cubanos, es débil, y como este ego se encuentra un tanto cercano al alma, pues debilita ese ánimo que tiene de pensar con inteligencia. Ello hace que dé rienda suelta a sus tontas emociones. En otras palabras, el cubano siempre está presto para creer que, masificando sus almas, en un evento internacional importante, pasarán a la historia como los nuevos héroes de su momento. Entre el miedo por lo que les pueda pasar si no aceptan ir a pelear a Angola y, por otra parte, la creencia de que, definitiva y esencialmente, combaten por un ideal que será reconocido por el mundo y que este ideal no se puede traicionar, entonces terminan cediendo y viéndose así en medio de una guerra que no entienden y que, en definitiva, nunca van a ganar ni tampoco comprender, mientras la sigan pensando desde una absurda, por impuesta, perspectiva patriótica”.
De la mulatez al estereotipo de lo exótico
“El mulato como la mulata pueden ser listos, rápidos, de chispas, como se decía en mi época de juventud (años 70 y 80); y por naturaleza podrían tener una visión más larga que la del blanco y la del negro, puesto que sumarían ambas visiones. Sucede que a los mulatos y a los negros se les ha encasillado en Cuba, antes de 1959 y después de ese año, como seres representativos de lo exótico cubano que tanto atrajo a la cultura light mexicana y al cine hollywoodense de Estados Unidos. El estereotipo que se les ha impuesto es el de bailadores, tocadores de congas, guaracheros de música popular, delincuentes de toda laya y gente a la que le gusta vivir en promiscuidad. Un estereotipo general sería el de marginados, y dentro de este enorme y pérfido saco entran los mulatos. Y la respuesta es que este estereotipo es falso, totalmente falso”.
“Al negro y al mulato nunca se les ha enseñado ni, en realidad, se les ha dado las oportunidades de cómo deben canalizar una vida más dada a la ciencia, a la tecnología y a las humanidades. En general, esa raza, la negra (que es una raza posiblemente fundacional no solo para los cubanos, sino también para todo el género humano en el orbe), en determinados momentos de la Historia del mundo, el negro y posteriormente el mulato han sido desprovistos de posibilidades para una existencia activamente inteligente y cultural, en relación con la vida de un ser humano que quiere progresar. No obstante, muchos negros y, entre ellos mulatos, han logrado sobresalir. Lo que demuestra que sí tienen la suficiente sustancia gris para rebasar cualquier tipo de inferioridad, y que pueden optar por profesiones universitarias. La inteligencia, visión y habilidades, la memoria y el afán de conocimientos no están afectados por la raza, ni por el color, sino por la cantidad de neuronas felices o productivas (como se les quiera llamar) que cada persona (¡de cualquier raza!) pueda tener.
La jinetera ilustrada
“El jineterismo, por su parte, es un producto exclusivo de la dictadura castrista. La versión socialista de la prostitución. La jinetera es la nueva prostituta que pulula en Cuba85. Esta nueva cortesana cubana se diferencia de las anteriores, en la Isla, y de las que han existido y existen en el mundo hoy en día, porque un gran número de ellas son “ilustradas”86, además de ser una de las más baratas del planeta, y de componer una categoría que se divide en varias clases: las carroñeras (de baja estofa, digamos y que buscan a todo aquel que le pague en dólar) hasta las que se dedican a cazar turistas y otras a empresarios y diplomáticos extranjeros87 “.
“El jineterismo es uno de los fenómenos más sobresalientes del total desastre social que impera en Cuba actualmente, y en esta categoría podemos incluir todo lo que atañe a la prostitución en general, incluyendo el proxenetismo y la pornografía infantil que han sido temas alarmantes desde hace muchos años a la fecha”.

El poco conocido sonido de la otra música
“A diferencia de la buena música popular, que presenta un frente sólido, podría decirse que las excelentes interpretaciones de las orquestas sinfónicas y grupos de cámara, la creación de óperas y ballets, de innumerables obras orquestales y para pequeños conjuntos han sido (y son aún) el estado de un umbral entre el sí y el no, digamos, en el que este tipo de música compleja, también llamada clásica, ha conformado un submundo que, por diferentes razones, ha reflejado siempre un brillo intermitente entre épocas de nuevas potencialidades creadoras y otras de silencios y vacíos que terminan en incertidumbres o en caminos inciertos en los que solo recibimos la tenue luz de una penumbra”.

“Durante el siglo XIX, y en la primera mitad del XX, se hicieron muchos esfuerzos por resaltar la cultura de los clásicos en casi todos los géneros teatrales y musicales, pero, a la larga, nunca la imagen de una Cuba culta pudo imponerse en forma mayor, como sí lo ha hecho la imagen de la Cuba típica, habitual, de ritmo trepidante. Esto no quiere decir que el sentido artístico de ese sonido no fuera bueno, sino que, por ser lo popular demasiado bueno y además mucho más apegado a lo comercial, terminó siempre imponiéndose como el modelo o representación de una abrumadora proyección creadora. Desde luego, tomada en su totalidad, la Isla siempre ha sido un hervidero de creatividad, en todos los géneros musicales”.

Manuel Gayol Mecías. Escritor y periodista. Ganó el Premio Nacional de Cuento de la UNEAC en 1992 y en 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericana de New York. Ha publicado una decena de libros entre los que figuran La penumbra de Dios (ensayo), Ojos de Godo Rojo (novela) y La noche del gran Godo (cuentos). Trabajos suyos han sido traducidos al inglés y al italiano. Es miembro del Pen Club de Escritores Cubanos y de la Academia de Historia de Cuba en el exilio. Es vicepresidente de Vista Larga Foundation y dirige la revista Palabra Abierta y su editorial homónima.
El lanzamiento del libro 1959. CUBA EL SER DIVERSO Y LA ISLA IMAGINADA, se efectuó en el Festival VISTA el pasado 15 de diciembre, en el Miami Hispanic Cultural Arts Center, obra que sin duda será muy polémica y que aporta muchos aspectos a tenerse en consideración a la hora de analizar la nacionalidad y la complejidad de la sicología de los cubanos, así como los factores que hasta la fecha han influido en la percepción que tenemos de nosotros mismos, desde los estudios de los etnólogos y antropólogos de la era republicana, hasta los acontecimientos políticos y sociales que han conmocionado nuestra historia reciente.

 

 

 

 

 

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Acerca de la poesía de Fina García Marruz

La gravedad y la gracia de las miradas perdidas
Por Ivette Fuente de la Paz

De la vastísima obra de Fina García Marruz, prima el interés la convergencia de temas que, al parecer deslindados y desviados de un común eje, se integran para ofrecer una medular concepción de su poesía: como los “secretos del mirar atento” de Eliseo Diego, son en ella “la gravedad y la gracia” de las “miradas perdidas” que pronuncian los arcanos de la Forma.
Desde Las miradas perdidas (1951) se advierte en su poesía una relación particular con la realidad asumida en su carácter simbólico, emblema manifestado en ese “rostro” como apariencia visible de una esencia invisible, tal y como dice la poetisa: “…toda apariencia es una misteriosa aparición”.
En su obra se manifiesta aquello que se intuye como “oculta armonía”, captada desde las cosas más sencillas y “pobres”, las aparentemente más insignificantes, apegadas al vivir, poesía que es un canto a la rerum natura (al estilo lucreciano) donde la “naturaleza de las cosas” resalta en su propia llaneza, sin más rebuscamiento que aquel que precisa su “misteriosa aparición”. Y para que no huya ese ser misterioso que asoma tras las cosas como epifanía natural, es que Fina –como recuerda su propio verso- quier(e) “escribir con el silencio vivo”, para que el ser mismo del universo captado por su mirada, al derrotar la máscara muestre su “verdadero rostro”.
Tanto en sus primeros libros como luego en Visitaciones (1970), así como en otros textos de espléndida madurez, encuentran espacio todos los asuntos y motivos que se abren a la luz de aquellas “miradas perdidas”, para integrarse al ruedo de una “armonía cósmica”. De este modo, todos los temas señalados por la crítica (ética, religión, conocimiento del mundo) como gajos de una misma “raíz poética”, se avistan desde una “radical extrañeza”, lo que no es óbice de lejanía pues son parte de una realidad que asoma como propia, pero que se aprehende en el deslizamiento previo y requerido por su exterioridad, ese que señala el misterio de lo “exterior de la poesía” –que tan bien se explica en el ensayo homónimo- y que constituye el punto de entrada, pórtico del alma por el que se abarca la plenitud íntima, vedada, secreta. A la par que Friedrich Schelling, filósofo alemán propugnador de una “filosofía de la naturaleza”, con quien encontramos comunidades de espíritu y puntos de contacto sorprendentes, Fina García Marruz parece decirnos que “la naturaleza es el espíritu visible, y el espíritu es la naturaleza invisible”, lema igualmente caro a Heráclito de Efeso, cuando expresara que “la naturaleza ama esconderse”, secreto de su movilidad y volubilidad o, como dijera Jacques Maritain sobre el amor, que configura en el interior la Forma que trasciende toda Forma, “metáfora del corazón” como vía de conocimiento del mundo, que es el conocimiento poético, en el que insiste Schelling cuando expresara que “el amor es el lazo de todas las cosas”, correspondencias con el trasunto poético en Fina que por la “visión exterior” de un Objeto llega a su “entrega amorosa”.


A nuestro juicio, el libro Las miradas perdidas, a la vez que anuncia los ideotemas que se revelarán con fuerza en su obra posterior, atiende a todas las expresiones válidas a sus concepciones poéticas, concertadas en la propia estructura: “Las oscuras tardes” (poesía intimista, del recuerdo, que se acompaña siempre con una especial calidad mística); “Las miradas perdidas” (paisaje interior y exterior, inmanencia aprehendida pero siempre trascendida); “La noche en el corazón” (los paisajes exteriores apresados, entrañados y devueltos en su peculiar palabra): “Dos cartas” (punto de flexión, contacto o viraje de sus temáticas); “Sonetos de la pobreza”; “Los misterios” (ambas secciones donde el sentido de lo católico de aborda y expresa con mayor plenitud); “Variaciones sobre el tiempo y el mar” (enlace de todos sus sentidos anteriores, donde el tema de lo católico como misterio de la figura, se enlaza al misterio de los rostros, las personas, el derredor).
Ya Cintio Vitier había advertido con gran tino, el elemento de evocación por vía de la memoria llamado por él la “imaginación del sentimiento” (con el que califica igualmente a Eliseo Diego) y que da una especial connotación a los paisajes interiores destacados a partir de un visaje de lo exterior, en lo que el crítico Jorge Luis Arcos llamara “estética de lo Exterior” y que si bien alcanza en estos poetas origenistas distinciones importantes, los comunica con la base objetual, próxima y familiar de sus contenidos, al revelar la esencia que los enlaza y los engarza al entorno.
Ese dominio abarcado por la mirada se exterioriza como “forma”, figura que guarda latente una esencia aún más íntima. Es lo que Merleau-Ponty llamaría “fenomenología de la percepción”, Jacques Serrano “milagro de la expresión” y que para el filósofo F. Schelling fuera la más simple relación de la figuración con la naturaleza, base de toda prodigalidad y manifestación de lo real.
En este especular del objeto como forma, se avista un particular pensamiento poético allegado a la fenomenología (quizás aquella señalada por Edmund Husserl en las “objetividades esenciales” que sitúa en lo aparencial del mundo una vía de penetración de sus esencias) tesis básica del ensayo “Lo exterior de la poesía” que apela a una “exterioridad mucho más profunda”, que va más allá de lo “externo-conocido” para aproximarse, pro el misterio de la Forma, a lo “externo-desconocido”, “verdadera allendidad de lo Exterior”.
Estas figuraciones que en Fina superan la más notoria de “cuerpo”, se deslizan en los nítidos contornos de todo lo expresado, sean objetos, rostros, sentimientos, para llegar a su “misterio”, milagro de la propia existencia, pensamiento sostenido en un sensorialismo de reminiscencia neoplatónica y sufí. El modo de sentir los detalles del “mundo” como epifenómeno que se “asoma” y se debe tomar en toda su dimensión y altura, y que en Eliseo Diego se define en su proceso de “nombrar las cosas”, es en Fina García Marruz la posibilidad de percepción espiritual, intuición poética a la vez que mediadora de la realidad primera, prescindible de ésta en un nuevo rango de realidad, lo que para el pensamiento oriental (básicamente sufí) fuera “lo imaginal” y que en Fina se manifiesta en el concepto eminentemente católico de “misterio”. Pero ese misterio, sabemos, no se queda en el signo, sino que se abre a lo infinito por perfectibilidad hacia Dios, imagen detonante que traspasa ese “externo-conocido” y que continúa su marcha hacia lo insondable que es lo “externo-desconocido” porque va más allá de la imagen hasta el caudal de lo “imaginario”.
Esa propensión al traspaso y superación de la primera Forma, como apariencia, es el síntoma más auténtico de la poesía, sustento de las palabras del francés Gaston Bachelard cuando dice que “el valor de una imagen se mide por la extensión de su aureola imaginaria”, lo que supera la simple memoria para entrar de lleno en el plano de “lo imaginal”, imaginación que, como dijera el filósofo David Hume, rompe el orden y la forma del fenómeno reflejado (“previo desorden de los sentidos”, diría la poetisa aludiendo a Rimbaud) enriquecido ahora por una absoluta “libertad”, la que en Fina no es una “pasión de la voluntad” sino un “acto del pensamiento”, una “visión”, un “acto de mirar”. El misterio de la Forma que se transvierte, inaudito, desde “el ojo mismo de la poesía” para llegar a “lo visto”, sin artilugios, es el tema de su monumental poema “Transfiguración de Jesús en el monte”, allí dice:

En el Monte su cuerpo no resiste a Aquel que / nunca supo pensar nada que no pudieran / compartir su pecho o sus dos manos; /oh, difícilmente podríamos comprenderlo, El se/ ha vuelto totalmente exterior como la luz; como la luz El ha rehusado la intimidad y se ha / echado totalmente fuera de sí mismo…

“Transfiguración de Jesús en el Monte” compendia formas y contenidos, sentimientos y presupuestos estéticos y brinda de manera pura y explícita la esencia del cuerpo en la parábola cristiana de la excelsa Forma, que en la luz de Dios permite exteriorizar el misterio guardado en el interior.
De este parangón advertido, destaca asimismo la “estética de lo Exterior” de la poética de Fina -que en Eliseo Diego tomara cuerpo en la fenomenología del espacio y la dialéctica del “adentro y el afuera”- y que en ella se hace dicotomía del estar y el no estar de la apariencia, misterio entre la forma de un ser en el espacio y el tiempo, y la fuga de ese espacio, tal y como se aprecia en uno de sus más conocidos poemas, “La demente en la puerta de la Iglesia”, donde dice: “Mirad que esa demente es quizás tan sólo un / esplendor incomprensible, / pero decidme a qué alude su flor pintarrajeada, / y esa tremenda suerte de aislamiento, / qué ha podido llevarla al extraño país de su / avarienta mirada sujetando la miseria / como una moneda..”, “extraño país” que fuera “el extraño pueblo” que acogiera su “Convalecencia” (como los extraños pueblos eliseanos), extrañeza incomprensible de esa figura que parece decir también: “No sabes de qué lejos he llegado / a morirme y a estar entre vosotros / y hasta qué punto he sido detenido / de la mágica tela de los otros” (“No sabes de qué lejos he llegado”). Linde del misterio, como “superficie casta y pura”, que como imagen supera el propio ser pensado en la sabiduría de su forma, aparece en Fina el motivo del “rostro ”adonde asoma ese mismo misterio, como umbral (“Vedla sentada a la puerta de su rostro”) y como primera luz (“Será su rostro la primera / luz que contemple el alma renacida”) y que es otra señal de la integración que hace la poetisa de la subyacencia católica y los signos inmanentes del mundo.


El tema del “rostro” es uno de los más notorios índices de la calidad de lo exterior y la dialéctica de las cotas espaciales, donde la superficie es el único límite, imágenes superpuestas de esas distintas figuras que se alcanzan dentro del tiempo, alertas a la fuga que a veces debe contener la “máscara” como a un “principio eterno” infinitamente devuelto, desvanecido. Lo “figuracional” que tanto tiene que ver con el tema del tiempo (una de las recurrencias de tan distintos matices en los poetas origenistas), se expresa de manera ceremonial en el hermoso poema “Canción para la extraña flor” que se enlaza sutilmente con el tema medieval de “la rosa”, que es el mismo canto a la fugacidad efímera de las cosas, que alcanzara su punto culminante en la “ronda de la muerte”, “variaciones” de un mismo asunto de consonancia universal que se expresara además en el ubi sunt (señalado también en otros poemas, como en “Extraño condiscípulo”, en “El distinto” o de cierta manera en “El bello niño”) como añoranza y nostalgia, y que en igual tono hace decir a la poetisa: “Quién te podrá tocar sin espanto? Lejana es tu / presencia como el cuerpo de la nieve. / He aquí que estás entre mis dedos prestándoles / una suerte de atenta delicadeza / de aquí que toco y siento esa velada distancia / que no podemos nunca atravesar”. Pero si en sus poemas de mayor cercanía con el entorno, la costumbre, la familia, la figura es la contención del espíritu que pugna por denostar su presencia, su potencia de ser, en los poemas donde el sentimiento católico se vuelca con mayor plenitud y fuerza, ésta alcanza su punto culminante, tema que a veces secunda una intención de mayor profundidad eidética que enaltece su leit motiv.
Consustancial a la Forma y como un rango a la vez que poético, estético en su poesía, “las miradas” son un recurso que se entraña en lo vital y así en lo vital poético de García Marruz. En “Lo exterior de la poesía” insiste Fina en el impulso (“volición” diría el poeta Edgar Allan Poe) que abre las compuertas de un trasfondo esencial, y que crea la “verdadera libertad” de una imaginación que proviene, para ella, de la visión. La incorporación del mundo, el develamiento del manto protector de las superficies, el ahondamiento en la multiplicidad de lo real con la conciencia unitiva de ver más allá de las imágenes para “saborear” su misterio –así como fuera la “filosofía del acto” que es el “saber saboreando” en el sufismo-, son los “secretos del mirar atento” (“lo poético” para Eliseo Diego) de una visión del alma (“saber del alma” de María Zambrano), acto de mirar que es el salto “…a la orfandad divina, / (…) del ojo que te mira y que me mira” (“¿Soy yo la que desprende…”) juego vivencial de entrar al mundo, salvar sus límites, por los juegos de la mirada: “Qué extraños ojos se apropian la mirada! / Quién me vio allí, te vio, a quién veíamos…” (“El distinto”); miradas perdidas que se acoplan al “ojo de la certeza” (de la mística sufí) para llegar, en el “Nacimiento de la Fe”, hasta Dios: “Ahora creo, Señor, en tu mirada, / en mi obra y oscuro sacrificio, / con esa fe que se alza de la nada”.
Pero esa mirada no proviene de los “ojos abiertos” –que quedarían, como sentidos de apropiación del epifenómeno de lo aparencial, en lo “exterior-conocido”- sino “de la visión del ojo cerrado”, “videncia” guiada por la intuición de “las miradas perdidas”, sabiduría de gracia –diría Santo Tomás- sabiduría por iluminación –sería para San Agustín- que entronizan ambas en una sabiduría poética como un “saber del alma”.
El instante del fulgor poético puede asemejarse con ese momento en que ocurre el “destello” –concepto de la mística sufí-, difícil concurrencia de los “primeros rayos de la manifestación de la Esencia” antes de llegar al ocaso en su extinción. El raro equilibrio entre ese mundo corpóreo que se desvanece y el mundo espiritual está fijado por una “distancia mágica”, medida cifrada entre “el ojo y lo mirado” que sólo se salva en un único fulgor de lo poético como “espacio imaginado” o más precisamente, como espacio de “lo imaginal”, más allá de la imaginación como proceso, instante cuando lo invisible toma realmente forma, a través de la invocación y la figuración para vencer la “exterioridad”.
De este modo la intención de ver por “las miradas perdidas” es el significado más propio del poetizar, lo que para Ibn Arabi fuera la contemplación por “el ojo de la certeza”. Por esta alta facultad de la visión (al-bash) se alcanza la visión contemplativa o interior (basîrah), que es la visión del corazón, imprescindible huella que destaca la idea de las “razones del corazón” del filósofo francés Blaise Pascal en la que vemos reflejada con tanta fuerza el sentido de la visión interior tratada en el sufismo y que sustanció el concepto de “razón poética” en María Zambrano, vía por la que dejó huella en los poetas origenistas. Con mayor profundidad insiste Ibn Arabi en esta facultad de la mirada al contemplar lo esencial como modo de “mirar” a Dios, en un juego de identidad y semejanza que se opera en la dimensión de “los espacios intermedios” donde se confunden los rostros y las visiones entre el Yo y la Otredad, “mirar atento” que es la mirada que refleja, en la búsqueda de Dios, el visaje del propio corazón.
En busca de lo “exterior-desconocido”, sumergida en la propia “exterioridad”, Fina llega a aquello que llamara Schelling “el alma de la forma” que es el alma de la naturaleza, como anima mundi. Por su especial sintonía con una filosofía de la naturaleza (que resuena con aquella “filosofía natural” de la que nos hablara Cintio Vitier sobre José Martí), Fina transita, a través de su “mirar atento” por los grados de develación del alma del mundo: Primero por la Forma (determinada), luego por la fecundidad (que es su sentido), para llegar a la Gracia (la forma desplegada) y finalmente al Alma (por su revelación). El impulso del tránsito es el amor “a la superficie casta y triste”, por ella se alcanza “una unidad extraña”.
Continuidad de una poesía sembrada en las miradas perdidas y crecida en palabras o silencios que se complementan, con la obra de Fina García Marruz se asiste a un esplendor poco frecuente: el fuego de la hoguera, percibida tras “un cristal que casi no se advierte”, flamea, y al final vemos que la intensidad de “su exterior” ha sobredimensionado el calor de una primera, desconocida llama.
Josefina García-Marruz Badía
Conocida internacionalmente como Fina García Marruz nació en la Ciudad de La Habana el 28 de abril de 1923. Estudió la primaria en el Colegio Sánchez y Tiant y el bachillerato en el Instituto de La Habana; se doctoró en Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana en 1961.

Dra. Ivette Fuentes de La Paz
Ivette de los Ángeles Fuentes de la Paz (La Habana, 20 de mayo de 1953)
Doctora en Ciencias Filológicas (1993) y Doctora por la Universidad de Salamanca (2016). Ha desarrollado su labor profesional como editora, especialista literaria, directora del Proyecto Casa “José Lezama Lima” (Ministerio de Cultura), especialista en teoría y estética de la danza de la revista Cuba en el Ballet (Ballet Nacional de Cuba), y como investigadora literaria (Instituto de Literatura y Lingüística, Ministerio de la Ciencia).

 

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Antonio Rodríguez Delgado y La Mística del Sonido (Colección Ensayo)

Por Victor Toledo

La sentencia de Martín Heidegger: sobre que sólo quedan las huellas de los dioses y hay que saberlas rastrear, ver, en este caso oír, leer para hacer del mundo una casa luminosa, se aplica plenamente a este libro y su título: La huella del sonido, sinestesia del maestro Antonio Rodríguez, uno de nuestros grandes pedagogos.
La sabiduría, tanto general como concreta, sobre el instrumento de Hermes, Apolo y Orfeo, recorre estas páginas como las huellas luminosas, las notas solares, que cantan la canción de la vida y de su sentido divino.
El interior refleja el exterior, el instrumento es el arma del alma individual.
Si se supera el ego, el artista se acerca a lo sublime.
La armonía universal es la armonía individual y viceversa: gran secreto del ejecutante que ha alcanzado el más alto escalón de la maestría. Sincronizar el todo y el detalle es la clave, la llave de sol, la que abre la Puerta. “Dios está en los detalles”.
El ejecutante es el propio sonido de la luz.
Cita a Miguel Ángel Buonarroti: “Dios, libérame de mi mismo para poder complacerte. O recuerda: “excelsa voluntad de buscar la esencia de Dios por el camino de la belleza.” Porque estamos ante una poética órfica y su catábasis, el arte de un alma pura es la revelación y su renacimiento para alcanzar la inmortalidad, la divinidad.
El orfismo de Mauricio Fichino y la alquimia se funden en su teoría.
A veces parece que nos habla de la revelación e iluminación de Hermes. Y de las iluminaciones del Tao, no parece, aparece las vibraciones de la escala entera de los colores y sus signos con su simbología, primero es el símbolo, el címbalo, después la realidad.
La música es la alquimia de las notas, los elementos trasmutados, decantados, en sonidos.
“Recomiendo evitar injerencias, incluso de los mejores exponentes, cuando aún no hemos alcanzado nuestro sonido”. Nuestra voz, nuestro propio ser, búsqueda general y esencial del gran artista.
Así entran en armonía espíritu y cuerpo: “Si partimos del equilibrio mental en la ejecución, lo lógico es que ese balance perfecto se somatice en una postura correcta donde sólo se aplique la fuerza necesaria, se recorra la distancia más corta y no la más larga a la hora de seleccionar los dedos que buscan las cuerdas, aplicando una aproximación al instrumento donde lo natural y el respeto a lo anatómico, entren en conjunción sin artificios ni exageración. Se genera una simbiosis en la que el intérprete se funde a su instrumento, y ambos desparecen y se trasforman en algo nuevo y mágico.”
Aplica la magia y la alquimia –así como una lógica precisa- entre cuerpo y alma, a la enseñanza de la guitarra.
El gran maestro Antonio Rodríguez ejecuta la sinfonía universal del conocimiento ejerciendo su profundo conocer espiritual en su instrumento, que es el alumno iluminado por la misión órfica trasmitida.
La sabiduría alquímica, la órfica, la oriental y en general el conocimiento clásico espiritual del alma y del espíritu es novedosamente aplicado a la enseñanza de la guitarra, amén de su propia y amplia experiencia como guitarrista y maestro.


Verdadero Maestro que ha logrado sus mejores éxitos en las manos de sus alumnos, transformadas por ese espíritu universal del conocimiento -por la inmortalidad y desde la inmortalidad- en alas que vuelan superando la esfera terrestre y temporal.
Un conocimiento profundo y refinado de la técnica pero guiado por la premisa del Espíritu, del Espíritu universal y trascendente como Sentido de la vida, como revelación del Ser.
El Maestro Antonio más que un maestro de guitarra es un maestro de las artes más secretas esotéricas, un guía inédito en la soteriología: del sentido órfico musical, cósmico y poético (claro que en esta raíz nos recuerda a su gran compatriota José Lezama Lima, y sus ensayos, La cantidad hechizada, Introducción a los vasos órficos, que guiaron a la poesía cubana por el camino más brillante de la isla y de manera señala en nuestro continente).
Su misión es una misión trascendente, su labor humanística y espiritual atemporal.
Sabe que lo importante en la enseñanza de la lira-arco no es enseñar a dar en el blanco (objetivo común) sino saber tensar el arco, puesto que entendiendo esta premisa fundamental el blanco justo y preciso se alcanza por sí sólo. El saber tensar el arco es saber tensar el alma con el espíritu del universo. Las cuerdas de la guitarra son las cuerdas de la trayectoria de nuestro sistema planetario, la guitarra es el propio universo que el alumno deberá aprender a pulsar sin titubeos, armonizando la tensión entre el espíritu (el corazón, la sensibilidad, la pureza del alma) y el cuerpo (las manos, el cerebro, la técnica, la teoría), entre la mente y la materia.
El artista es un demiurgo que debe armonizar, afinar, las notas entre el cosmos y el hombre, entre la vida y la muerte, entre el alma y el cuerpo, entre el tiempo y la trascendencia. Antes que nada, conociendo este secreto hermético (de Hermes, el Dios y el egipcio iluminado) entonces el alumno está preparado para ser un verdadero y gran ejecutante de la lira del universo. Y, por lo tanto, entregar, prodigar esta armonía benevolente, bendecidora y sanadora a los hombres.
La armonía concitada desde las esferas más altas y profundas del universo salva al mundo, Yo-viendo en la tierra y haciéndola florecer de forma espiritual y material.
Esta dialéctica entre el espíritu y el manejo de la materia, donde se da la primacía a la conciencia de lo espiritual trascendente y posteriormente a la técnica dominada (por el control mental consiente) es una verdadera pedagogía que viene a contrastarse con el inmediatismo de la búsqueda del éxito egoísta y fácil pero vacío de nuestro tiempo, donde, precisamente, sólo se encuentra por este camino el vacío, el hueco existencial del ejecutante, el vacío de la falsa música y la nada del fracaso final.
El viaje catábico de Orfeo es una odisea del alma al inframundo para su iluminación, su Anábasis: el triunfo de la luz y la conciencia, el renacimiento y la felicidad sempiterna, el poder de hacer conmoverse a las piedras y ser seguido por su música por el bosque encantado. El triunfo de la vida sobre la muerte, es el verdadero poder del arte que revela el maestro esencial. Sólo por esto vale la pena el sacrificio del duro oficio, pero feliz en la plenitud terrestre y astral.
El artista, como el poeta, como el dios de la música y de la poesía, Orfeo, es alguien que nos conecta herméticamente, a través de su arte, con los tres reinos: el inframundo (el sacrificio, donde se fragua el renacimiento), el celeste (que buscamos alcanzar) y el terrestre (donde llegamos a perfeccionarnos).
Es alguien con el poder de conmover la materia, traer la luz del espíritu divino, sanar y llenar al mundo de belleza, de armonía y de bondad.
Esta es la verdadera transformación del mundo que propone en su enseñanza el gran maestro cubano enraizado en nuestro país, la revolución es la instauración del espíritu en el reino material. En esto coincidimos plenamente, absolutistamente, con él.
El mundo al revés que habitamos será –a través del verdadero y gran arte-, no importa el resabio idealista o romántico, sino la esencia shamánica, de nuevo, un mundo prístino y noble, habitado por dioses y estrellas luminosas que llegaron a superar el ciclo infinito de las reencarnaciones y de la búsqueda de la perfección.
Tenemos entonces con esta obra un libro que es el libro del profundo secreto espiritual de la guitarra. Un texto que al abrirse nos conduce a las puertas –lo digo sin exageración- de la inmortalidad.

La Mística del Sonido

Víctor Toledo es un poeta y traductor de la generación de los llamados “poetas de los cincuentas”. Además de sus obras en el género de la poesía ha traducido a los mejores poetas rusos y es creador de los rosagramas (sonetos: caligramas en forma de rosa). Estudió en la universidad Lomonosov de Moscú donde recibió el título de doctor en filología rusa en 1992 y recibió una beca del Concejo Nacional de Cultura de México (CONACULTA) para traducir la obra poética completa del poeta ruso Osip Mandelshtam, en 2004. Impulsor decidido de una poesía experimental, es miembro del concejo de redacción de la revista Biblioteca de México y desde 2009 es director de la colección de poesía, ensayo y cuento “La Abeja de Perséfone” (BUAP). El gobierno de Veracruz lo nombró veracruzano distinguido en el año 2000. Recibió la Medalla Pablo Neruda de Honor Presidencial, del gobierno de Chile, en 2004, junto a Andrés Henestrosa, Marco Antonio Campos y Eduardo Lizalde, en México, la cual es otorgada a grandes personalidades en el mundo.

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Junto a la Ventana de Aleida Lliraldi

Por Reynaldo Fernández Pavón
Vitrales C.E. pone a disposición de los lectores el libro de poseía Junto a la ventana de la periodista Aleida Lliraldi en su colección Guijarros.

Tuve el privilegio de conocer a esta poetiza en la década del 60 del pasado siglo, Aleida estudiaba en la Escuelas de Artes Dramáticas de la ENA. Recuerdo dos dones que la distinguían, el primero , su amor por las artes escénicas y el segundo la cualidad de ser una excelente lectora.
En Junto a la Ventana, Aleida Lliraldi  ejerce la contemplación existencial de una cotidianidad que es parte de la historia personal de su generación, de la época maravillosa en la cual el amor a todo vuelo se comunicaba con una mirada o con un beso, lenguaje que, convertido en verso, y sin retórica; crea un sitio de imágenes y metáforas donde no aparecen cánones preestablecidos y como quien dice: – Aquí estoy yo,  escribe:

“ Cuando te leo se eterniza lo breve”

Poesía de amor que nos revela la presencia de una sensibilidad que ha crecido en la extraterritorialidad como ha sucedido con un firmamento de escritoras cubanas que tienen como antecedente a la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda, publicada en España antes que en Cuba y tristemente desconocida entre cubanos.

Detrás de la femeneidad hay una voz que logra ser muy intensa, nótese que en este género poético siempre me ha sorprendido lo agresivos que pueden llegar a ser los poemas escritos por mujeres como en el poema “Giros” en el que imaginamos “la campana sonando después de cada giro”, con sus múltiples lecturas.

Aleida ubica en su justo sitio -por ausencia- el mundanal ruido, y los temas antipoéticos que con frecuencia invaden hoy las letras, como lo son la pornografía literaria, y la propaganda política.
Desde su Reino de Imago fluye la poesía y desde ese universo se llega al momento después de la poesía…y es que “el otro” ha sido superado para continuar latiendo en el escenario de la vida, y ambos , escritor y objeto de la poética, se han convertido en una experiencia única e irrepetible que se acrecienta en sus manos.

Este libro de poemas busca su significado íntimo en tiempos en que se alejan unos de otros ensimismados en la realidad virtual que crea la tecnología, en los utensilios electrónicos en que los individuos se sumergen hasta desaparecer; entonces estos versos sencillos que nacen de la húmeda bruma y del olor a cuerpos terrestres, cobran vida y nos muestran que la vida existe cada vez que la noche pasa en espera de que alguien la descubra.

Es por esa razón que escribo desde la complicidad de los poetas y no desde los presupuestos de la crítica.
Celebro que la escritora de Junto a la ventana se cante a si misma en una poética sostenida que puede tocar el alma o ser parte de la historia personal de cualquier ser humano. Aleida Lliraldi nos invita a pararnos junto a su ventana, mirar a la distancia y comprobar que es cierto, todavía existe la brisa marina, la geografía de los cuerpos y la posibilidad de un encuentro.

Este libro puede adquirirse en amazon.com

 

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